Análisis | Los ourensanos en la futura ejecutiva gallega del PP Roberto Castro, futuro vicesecretario regional del partido, recoge el premio de la fidelidad al presidente provincial pese a su pasado de deslealtades a otros dirigentes
21 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?atisfacción. Oficialmente el PP en Ourense adjetiva de esta forma la designación de las personas que formarán parte de la ejecutiva regional que saldrá del congreso que hoy se inaugura en Santiago. El estudiado juego de equilibrios que se ha seguido para distribuir territorialmente el poder es saludado con verdadero alborozo por un sector del partido en Ourense, aquel que promovió precisamente ese reparto. José Luis Baltar y su núcleo de fieles corean las consignas en positivo. Más allá de las personas que le profesan obediencia ciega se relativiza mucho que el PP en Ourense salga reforzado del congreso. No constituye una novedad que Roberto Castro, una de las personas ascendidas a una de las vicesecretarías, proclame su felicidad por el nombramiento en ciernes. Tampoco que el propio Baltar o su hijo José Manuel se sientan identificados con el nuevo escenario, porque fueron ellos los principales interesados en colocar a sus afines en la dirección gallega. Sin embargo, la pregunta que se hacen muchos cargos y militantes en Ourense es si la situación de crisis del partido se arregla con situar a determinadas personas en los puestos de responsabilidad a costa de pensar en el PP como organización. Todo parece indicar que lo primero ha sido determinante. Equilibrios José Luis Baltar, el presidente provincial, abrió la espita de la crisis reclamando más inversiones para Ourense y más autonomía para hacer las listas de cara a las próximas autonómicas. Él mismo se encargó de cerrarla sin explicar las razones. Está por demostrar que los presupuestos de la Xunta contemplen más dinero gracias a su amenaza y está por verificar también que el poder reclamado en la dirección regional se haya sustanciado con la designación de alguno de sus fieles. Parece claro que Baltar ha situado sus peones donde quería, pero también a costa de algunas cesiones. Xesús Palmou, el secretario del PP en Galicia, continuará en su puesto pese a no ser de las simpatías del presidente provincial. Si él ha sido capaz de colocar a algunas personas en la dirección regional, otras seguirán pese al empeño de Baltar por dejarlos fuera. Está claro que Roberto Castro fue situado en una de las vicesecretarías por el máximo responsable del partido en Ourense, lo mismo que Carmen Leyte, Juan Manuel Jiménez Morán, Antonio Mouriño, Ana Belén Vázquez o Miguel Santalices Vieira, todos ellos futuros vocales del partido en Galicia. La duda que le entra a muchas personas del PP en la provincia es si José Luis Baltar acertó con la nominación del diputado Castro García como vicesecretario, una persona que guarda en su currículum político casi tantas fidelidades como deslealtades a anteriores dirigentes. Imposiciones Otros ourensanos estarán en los órganos de decisión, no apadrinados por Baltar, sino impuestos desde Santiago. En este grupo estarían el alcalde de Ourense, Manuel Cabezas -designado por Fraga-, Elier Ojea, que será tesorero, o el diputado Celso Delgado, que ocupará una de las secretarías ejecutivas. Pero, sin duda, todos los sectores coinciden en señalar que si alguien ha perdido la batalla ha sido la vicepresidenta del Parlamento, Inmaculada Rodríguez. El martes por la mañana recibió una llamada de Manuel Fraga para informarle que se quedaría fuera de la ejecutiva. Opinar sobre la crisis abierta semanas atrás, y hacerlo además con duras palabras contra Baltar, le ha pasado factura, que ella asume con cierta resignación, pero sin arrepentimiento. Ahora, salvo sorpresas, el PP gallego encara un futuro que comenzará con la clausura del congreso que hoy se abre en Compostela. De momento, los populares ourensanos presentarán 60 enmiendas para debatir. Casi todas ellas elaboradas por el núcleo duro de Baltar, los que promovieron la revuelta. Los mismos que dicen haberla sofocado.