Judicial | Una lección por omisión La promoción de futuros policías cambió su clase práctica de asistencia a un juicio por la constatación de la incomodidad del papel del testigo o de perito
06 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?ba a ser una lección práctica y acabó siéndolo, aunque distinta, por omisión y no por obra. Los futuros policías que completan su formación en la comisaría de Ourense acudieron ayer, con su profesor-inspector jefe, a la Audiencia de Ourense, donde se iba a celebrar un juicio, por un asunto de tráfico de drogas. Iban a ver entre otras muchas cosas, en directo, cómo se desenvuelven sus compañeros; si alguno se despistaba, en qué podían haber fallado y cómo se podían lucir; la agilidad de unos y acaso la torpeza de algún otro; el trato que se dispensa al policía en una vista oral, o la diferencia de tono en las preguntas que formulan la fiscal y las defensas. No pudo ser. Una de las dos acusadas no se presentó y fue por ello que la lección práctica cambió. Pudieron entonces los futuros policías vivir en primera persona una de las caras menos agradecidas del servicio. Y aprender del mundo real. Lo primero, comprobar que se puede perder una mañana, a lo tonto, si se atiende con rigor la hora de citación en el palacio de Justicia. Casi siempre, les habrán dicho los veteranos, desde las diez hasta la hora que sea, si no se prolonga el juicio por la tarde, o continúa al día siguiente. Después, en cascada, comprobaron que si un acusado está en libertad y no se presenta, se intenta su localización, por su abogado e incluso por medio de los agentes (policías o guardias civiles, según corresponda) adscritos a los juzgados o a la Audiencia. Luego, si no aparece, se suspende la vista para otro día. Y el policía que intervino en el caso, en la vigilancia, en el registro, o en la detención, volverá cuando lo llamen. Sabe de la importacia de la colaboración con la Justicia, pero, de momento ,se va con la sensación de haber perdido una mañana. Son, dicen ellos, gajes del oficio, de los que se aprenden con la práctica, no en los libros. Los aspirantes a policías ya llevan aprendido que las esperas son largas, que los bancos son incómodos y que la calma es una virtud.