Crónica | Sensibilidad en la administración Una indigente de origen magrebí, localizada por la policía en Bilbao, cobra este verano la indemnización por una agresión sufrida en septiembre del año 2000
19 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?recuentes los reproches a la frialdad con la que se mueve la maquinaria policial y judicial, a la insensibilidad de la administración a la hora de hacer frente a situaciones que requieran un suplemento de humanidad, el hecho de que una mujer immigrante, indigente y sin domicilio conocido, acabase cobrando en Bilbao la indemnización correspondiente a un suceso ocurrido en Ourense en septiembre del 2000, parece un milagro. Y si, como en este caso ha ocurrido, la propia víctima se había despreocupado del dinero, acaso por sospechar que se perdería en las tantas veces abruptas sendas de la burocracia, comprobar que el caso ha llegado a buen fin resulta reconfortante. Hay que remontarse al año 2000 para poner el primer capítulo de la historia. Durante la madrugada del día 12 de septiembre, se produjo una discusión entre un vecino de la calle San Pedro, entonces con 50 años y actualmente fallecido, y una mujer de origen magrebí, de 58 años. Ocurrió en la vivienda del hombre y, por razones insuficientemente aclaradas, él la agredió a ella con un cuchillo y le provocó heridas cortantes en las manos. A mediados de junio del 2002 se celebró el juicio. Y el acusado fue condenado a dos años de prisión y al pago de 3.846 euros (640.000 de las antiguas pesetas) a la perjudicada. Confirmada la sentencia por la Audiencia Provincial en febrero del 2003, el penado se veía entonces en la incómoda situación de hacer frente a la condena. Y aunque los dos años de cárcel los podría eludir, al aplicársele los beneficios de la suspensión de ejecución de sentencia, del abono de la indemnización no podía escapar. Como el acusado no estaba por la labor, la inflexible maquinaria judicial puso en marcha el procedimiento de embargo, con el fin de que la sentencia no se quedase en papel mojado. Acontecimientos Y es entonces, desde ese momento, cuando empiezan a encadenarse una serie de acontecimientos que permiten llegar a un final que invita a la reconciliación con el género humano. Primero, el perito (arquitecto técnico) que acudió a la vivienda de la calle San Pedro, al ver su abandono y percatarse de la perspectiva, de una pared tomó un número de teléfono y, a ciegas, contactó con quien resultó ser una hermana del acusado. Aquel primer chispazo de buena fe precipitó el siguiente y el padre del imputado se hizo cargo de la situación. Y, honrado, pagó. Y partir de ahí, obstáculos. La víctima no aparecía en Ourense. Sencillamente no estaba. Se había esfumado y ni siquiera la veían quienes, en el propio juzgado, sabían de ella y de su frecuente presencia, pidiendo limosna, en la iglesia de Salesianos. En la cuenta Los 3.846 euros estaban en la cuenta bancaria de los juzgados, a disposición de S.H.A., pero S.H.A. no aparecía. La funcionaria del Juzgado de lo Penal 2 a la que correspondió el asunto no se rindió. Un rumor la situaba en Bilbao y la llevó a ponerse en contacto con la policía y con los juzgados en la capital vasca. Su insistencia dio frutos y la policía municipal, prestando atención a un asunto sin duda menor, secundario en su escala de prioridades, acabó localizándola. Tuvieron, entonces, que salvar las dudas de una mujer, cuya vida en ambientes marginales la lleva a ver con reticencia cualquier llamada de la policía o de un juzgado. Aunque le digan que es para cobrar. Fallecido El acusado había fallecido a finales de febrero y la víctima del suceso, ahora beneficiaria de una indemnización, no tenía la documentación en regla, para poder cobrar un dinero consignado a su nombre. Y sin pasaporte, nada. El último escollo, los papeles , no se solucionó hasta el mes de julio. Pudo, entonces, cobrar S.H.A. los 3.846 euros de indemnización que el juez había impuesto como castigo al hombre que la había agredido en Ourense hace casi cuatro años. Caso cerrado. Lo que esta mujer haya hecho con el dinero, o en qué situación vive en la actualidad, es algo que desconocen en el juzgado de Ourense, donde les queda la satisfacción por el desenlace y el éxito de sus desvelos. Sin esperar nada a cambio. Ni una llamada telefónica de agradecimiento. No porque la protagonista esté fuera de Galicia, sino porque es lo habitual. Las cosas funcionan así. Casi siempre.