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11 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NUESTRA provincia ha visto arder 2.700 hectáreas de monte en sólo los tres primeros días de este mes. Entre ellas, 600 no contenían exactamente matorral sino castaños, pinos o robles. La ardilla que según un cronicón medieval podía recorrer España desde Finisterre a Gibraltar sin tocar el suelo, no encaja aquí y ahora en el recuerdo histórico. Desde la desamortización de la tierra, nobiliaria, comunal o de propios -esto es, de los pueblos- y eclesiástica del siglo XIX, que dejó al monte solo ante el peligro y en manos ni muertas ni vivas, los incendiarios forestales hacen incansablemente su agosto. Durante este año, en concreto, en España se han quemado 86.182 hectáreas, de las que 26.900 corresponden a Galicia. La actual ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, acaba de decir: «Que en España se haya producido una única sentencia en firme por quemar un monte es un indicativo dramático de las carencias existentes para aplicar el Código Penal». Y, cuando un monte se quema, nos quema de verdad a todos, no precisamente al señor conde del chiste.