DE REOJO | O |
05 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LO QUE me gusta del cine -pobrecita de mí, que nunca me tiró lo de cultureta- son las prisas para llegar a tiempo a la taquilla, antes de que se agoten las entradas de la película que te apetece ver. Lo que me gusta es, y no es un tópico, el cubo de palomitas (vaso de coca-cola incluido). Lo que me gusta es seleccionar regaliz a toda prisa, para no perderme ni un tráiler. Los anuncios de otras películas me dan hambre fílmica y las regalices son un buen sustitutivo, en plan barrita energética. Me gusta la sensación de las luces apagadas. De los susurros a oscuras. Me gusta la sensación de estar fuera del mundo. Y en otro. Fuera del mundo están, por cierto, los presos de Pereiro que desde ayer están más cerca del cine, aunque igual de lejos de las butacas de las salas. Verán películas. Hablarán de cine. Por cortesía del Consorcio Audiovisual de Galicia. Pero no podrán elegir el pase, ni ahogarse en palomitas. La libertad es una palabra muy gorda, que llena toda la boca. La libertad, sin embargo, está también en las cosas pequeñas. Los presos de Pereiro, privados de libertad por algo que hicieron, irán al cine (o casi) pero sin palomitas.