DE REOJO | O |
11 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CON DOS licenciaturas a la espalda -Geografía e Historia y Derecho- llegó Carmen Fraga, dispuesta a compartir mesa, mantel y conversación con las mujeres empresarias de un Ourense en punto muerto. Traía también, por eso de la inherencia, su reputada trayectoria política. Uno puede estar de acuerdo, o no, con su orientación ideológica. Pero tener tiene callo. Por eso me inquieta -pura solidaridad femenina ajena a la papeleta- de qué habló con la delegación de mujeres ourensanas de pro que, al más puro estilo «chicas de la Cruz Roja», la recibieron en su visita. Me temo que la candidata no tuvo oportunidad de conocer la realidad de las curritas, de las féminas que cobran menos que sus compañeros, de las que se ríen de la palabra conciliación, de las que sin tener tiempo para trabajar y vivir acaban teniéndolo para la oficina, para la familia, para la casa y -con suerte y encomendándose a algún santo- para ellas mismas. Seguro que en la comida, de postín, se habló mucho del tiempo (Ay, qué calor) y de la familia (Bien, gracias).