Crónica | Fiestas en O Barco Muchos barquenses se quedaron frente al televisor a la hora de la salida de la procesión de la abogada de los Imposibles, aunque, a medida que avanzaba la boda real, los fieles se fueron sumando a los oficios religiosos
22 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A la misma hora que sobre la catedral de La Almudena caían chuzos de punta, O Barco despertaba ayer de una soñolienta niebla en la jornada central de la festividad de santa Rita. La abogada de los Imposibles no pudo en esta ocasión con el acontecer mediático de la boda real. Muchos barquenses, que otros años en este día estaban a la espera de la salida de santa en procesión, prefirieron quedarse amarrados frente al televisor para seguir en directo el enlace de los príncipes Don Felipe y Doña Letizia. La plaza del Príncipe, que así se llama el lugar en donde está ubicada la iglesia de santa Rita en O Barco, se encontraba semi vacía, y tan sólo unos pocos fieles, fieles, optaron por la devoción religiosa antes que por la monárquica. El propio alcalde barquense, Alfredo García, lo constataba: «Otros años, a estas horas, aquí no cabía un alfiler». El concejal de Medio Rural y Cementerio, Luis Arias, iba más allá: «Mañana escribe que la boda real fulmina a santa Rita». Lo cierto es que la santa Rita arrancó con poca gente, con el dirigente local sindicalista de la CIG siguiendo el paso procesional desde la ventana de la sede y con nadie del PP en la representación de cargos municipales. A medida que avanzaban los minutos y la boda real prosperaba, la gente apareció en la procesión como salida de no se sabe dónde. Los bares a esas horas estaban vacíos o con muy poca gente. Había alguna tienda abierta, pero sólo con la dependienta dentro. El colorido procesional lo ponían las rosas de múltiples colores que llevaban la santa, las mujeres y los hombres en sus manos. La banda de música de Paradela se encargaba de las notas y de aportar un paso de pomposidad durante el recorrido. Al final, y después de que los nuevos príncipes dijeran el «sí quiero» por la televisión, la iglesia barquense de santa Rita se quedó pequeña para albergar la ceremonia de la misa de una. Entonces, la céntrica plaza del Príncipe sí se llenó de fieles y devotos de la abogada de lo Imposible.