Farmacias

EDUARDO CASTRO

OURENSE

OPINIÓN | O |

21 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EN VERÍN hay farmacias desde 1886. El laboratorio Amoeiro, fabricaba hemoncal y el pect-hemoncal, hacía toda clase de análisis, incluso la prueba de la rana. Más tarde, la farmacia Guerra, de don Ricardo. Su hipocrás era como un reconstituyente fantástico. Después, aunque superando todavía los 100 años de vida, la Santamarina, que tenía patentadas algunas pomadas de uso oftálmico. La última, recién terminada la guerra civil, la farmacia Nueva. Uno de sus mancebos, natural de Cabreiroá, elaboraba con fórmula secreta de don José González Sevila (peluquero), un milagroso crecepelo, llamado Cachimbol. A un antiguo médico de la zona, don Gustavo Contreras, le oímos decir que conserva su pelo gracias este específico. Hoy, después de tantos años, siguen las mismas oficinas de farmacia y, excepto la de Amoeiro, que cambió de dueños, todas dentro del mismo ámbito familiar.