La imagen de san Benito, muy venerada en toda la comarca de Valdeorras, ardió en la madrugada de ayer junto con otras dos tallas tras producirse un incendio en una pequeña capilla, que quedó arrasada
20 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.El pueblo de Penouta, en el municipio de Vilamartín de Valdeorras, amaneció ayer llorando la pérdida de su ancestral iglesia, y en especial la de la talla de su santo protector, San Benito, abogado entre otras dolencias de los males de la piel. Un incendio calcinó todo. Arrasó aquello que había entre los cuatro muros de la pequeña ermita, fechada su restauración en 1927. El fuego fue tan virulento que se vino abajo el tejado entero de madera y pizarra. Eran cerca de las dos de la madrugada de ayer. Una vecina próxima al edificio religioso se levantó al aseo y se asustó al contemplar un resplandor más allá de la ventana. Rápidamente se percató de que estaba ardiendo la capilla de San Benito. Su primera reacción fue la de llamar al cuartel de la Guardia Civil, que pronto se personaron en el lugar. En Penouta viven ahora apenas media docena de vecinos, y algunos ni se enteraron de lo que estaba pasando en ese momento. Hubo quien pensó que se trataba de un nuevo robo de las limosnas del recinto sacro. Al lugar se trasladaron los bomberos del consorcio comarcal con sede en A Rúa. Trabajaron duro, pero no pudieron recuperar los santos. Tan sólo sofocar las llamas con abundante agua y espuma, visible todavía a primera hora de la mañana. Noche agitada La noche fue muy agitada en Penouta. Alguno de los vecinos llegó a intentar tocar la única campana que queda sobre la espadaña de la iglesia, pero, a esas horas, las dos, las tres de la madrugada, el sueño les pilló profundo o simplemente no oyeron el repique que reclamaba auxilio. Las fuentes oficiales atribuyen el incendio a un cortocircuito eléctrico. Lo cierto es que una vez dentro de la capilla se aprecia a primer golpe de vista que la instalación de luz era muy anticuada, con los cables calcinados por la pared marcando todo un surco negro. El interruptor era de los conocidos como «de pera», del año de «María Castaña». También había en el pueblo quien creía que pudo deberse a alguna vela de cera prendida por devotos. Pero esta versión se preveía menos probable. San Benito, que se celebraba en Penouta el 21 de marzo y que luego pasó a Domingo de Resurrección y lunes de Pascua, era una de las multitudinarias peregrinaciones que hace años llamaba a los fieles de todos los alrededores. Se llevaban incluso productos de la matanza del cerdo, que después de las numerosas misas que se oficiaban, casi cada media hora por la multitud, se subastaban. Ahora buena parte de aquella historia se perdió, pero en el pueblo no se resignan a dejar en el olvido y en el abandono a su ermita y a su santo. Por eso, pese a la desgracia material y espiritual, decidieron salir adelante.