Un figurativo y un abstracto plenos

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

PILI PROL

EL ARTE EN OURENSE | O |

26 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

El Museo Municipal muestra, hasta el 11 de abril, medio siglo de obra del portugués Adelino Angelo , bajo el título Pintura . Es un pintor absoluta y declaradamente figurativo, que se define a sí mismo como un «impresionista clásico». Sin duda, le habría gustado poder utiliar el túnel del tiempo para hacer esta exposición en 1863 en el Salón de los Rechazados, de París, sin dejar luego de incorporarse también a aquella otra exposición de 1874 en la galería del fotógrafo Nadar que dio lugar al definitivo calificativo de impresionista, de la mano del cuadro de Monet Impression, soleil lévant y la pluma del crítico Louis Leroy en su crónica de Charivari. La muestra del Municipal reúne hasta sesenta y seis obras, encabezadas por un autorretrato del pintor, muy original por cierto: utiliza dentro del cuadro el recurso del espejo, por una parte, y, por otra, aparece con los ojos cerrados y la cabeza reclinada, en una postura entre doliente y soñadora. Por contraste, los otros dos retratos de la muestra ofrecen diferentes estilos. Uno, es un Retrato de Senhora , clásico y bellísimo, que recuerda a Sotomayor; y, el otro, un retrato del político Fraga, de factura más impersonal y muy moderna. El resto de los cuadros -salvo uno-, recuerda a Sorolla, si bien no en la clave esteticista y generalmente optimista de éste, sino en otra también radiante por la luz pero por contraste sombría en términos sociales o psicológicos. Sus dos grandes temas son la pobreza en la vida gitana y la tragedia de la enfermedad mental. Bien es verdad que la luz y el color, de un lado, y el subtema recurrente de la maternidad, de otro, trascienden ese universo pictórico hiriente para asumir en el valioso testimonio de la vida su irredento patetismo. En la galería Visol expone, hasta el 23 de abril, el pintor X. M. Tomé . Aunque nació en Benavente, se siente de siempre gallego de corazón y reside en Santiago. Es médico no ejerciente, sino dedicado a la pintura. Expone ahora un total de veinte cuadros -tres, los de formato grande, pintados sobre lienzo; y el resto sobre tabla-, tratados con técnica mixta, a los que añade algunos pasteles (de tamaño folio). Los cuadros, de los dos últimos años, responden a una abstracción profunda y matérica de marcado expresionismo abstracto; y su gama de colores insiste en el predominio de los ocres más los negros y grises, aunque sin perder nunca la huella cromática de Cézanne. En cuanto a los pasteles -como también ocurre en sus dibujos, ausentes de la muestra-, cabe decir que incluyen la figuración, con tendencia incluso al cubismo, aunque bajo el imperio de una raíz profunda casi explícitamente goyesca. La evolución de este artista, siempre en clave expresionista, bien merece aquí un sintético comentario. Cuando comenzó su carrera artística, allá por 1975, dijo de él la revista Gaceta del Arte: «su pintura nos muestra un pesimismo vitalista que se desprende de un alegato contra la civilización actual, cruel, egoísta, inmersa en la obsesión de tener». Luego, ya en una inmediata y decisiva segunda etapa, correspondiente al año 1978, la revista Guadalimar le apreció «una simbiosis entre la angustia y el esperpento, en espacio y formas». Entonces, pintaba montones de cabezas sin ojos ni orejas, verdaderamente angustiosas. Ahora, tal vez, como quizá podría entreverse en la muestra actual, cabría la posibilidad de que derivase o a la figurativo o al informalismo -como solución de compromiso-. En frase propia, lo suyo es, a fin de cuentas, «la pintura sin mayores explicaciones».