El semen y el deseo

CRISTINA HUETE

OURENSE

TIERRA ADENTRO | O |

24 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

YA SÓLO nos faltaba esto. Este agravio hormonal y sandunguero, esta mofa ladina, este requiebro. Que el de los coruñeses sea el mejor semen del mundo verdadero, que lo tengan mejor, más denso y más potente, sólo evidencia lo que lo ellos mismos pensaban y lo que nosotros muy mucho nos temíamos en silencio: que el progreso es la madre del cordero, que no hay más felicidad que ser del Depor -sobre todo cuando el Depor gana-, que las avenidas y los paseos marítimos provocan un claro efecto terapéutico y revujenecedor en la piel y en las neuronas y que, conociendo el percal, posiblemente algo haya hecho Paco Vázquez al respecto. Mientras tanto, nuestro semen tribal, nuestro semen montañoso y recio, nuestro semen menudo y pendenciero, se va quedando tieso, fecundando el pasado con la misma disposición y entrega con que otros se labran un futuro prometedor y cierto. Que los coruñeses lo tengan mejor, que lo tengan más terso, más grande y más intenso, sólo confirma lo que todos sabemos: no se puede pasar uno la vida cogido por los huevos. Hay que plantarle cara al esperpento y empezar a sembrar en donde sale el sol y corre un airecillo fresco.