TIERRA ADENTRO | O |
11 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.RESULTAN espeluznantes las fotos de los niños -en este caso los niños ourensanos- aprendiendo a disparar. Las armas de la guerra que mata de verdad se han colado en las aulas de un colegio público ourensano con la misma naturalidad que las palomitas blancas del Día de la Paz, aunque en este caso con el desconocimiento total de Educación, que se desentiende sobrevolando el asunto con un laurel en el pico. Los soldados de la Brilat destacados en Irak les enseñan a nuestros hijos el dulce juego de la guerra ante la apatía y el estado abúlico de padres, educadores y responsables de la administración pública, mientras las autoridades de este país ponen el grito en el cielo y el dedo en el pecho de quienes se ponen en la solapa, u osan colocar en los colegios las insidiosas pegatinas de Guerra No, o Nunca Máis, tan nocivas y cruentas. Quienes nos metieron en la guerra de Irak no salen de ella y, lo que es peor, nos la injertan a golpe de fusil en la memoria. Jugar al odio, a la estrategia, a la uniformidad de pensamiento, a la militarización de los sentidos, al escondite del miedo... Tendremos que volver a gritar alto y claro: No a la guerra. Nunca Máis. Y ganar con nuestras armas.