DESDE LAS AULAS | O |
05 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.TEN UN amigo y tendrás un tesoro. Más o menos así reza el refrán popular. Y bien cierto que es, aquí y en Japón. Que los amigos de verdad acostumbran a llevar su generosidad mas allá del limite de lo imaginable. Al igual que no escatiman adjetivos a la hora de ensalzar nuestras virtudes. Por eso no me extrañaron los piropos que nos dedicó el alcalde de Baiona. Que, sin ruborizarse lo más mínimo, calificó a los orensanos de «xente aberta, amistosa e culta». Seguramente Luis Carlos de la Peña está convencido de sus palabras. Pero también sabe que tan importante como nuestra condición es la dirección del camino que transitamos. Y en este punto su silencio fue más que elocuente. Pero, por una vez en la vida, no seamos derrotistas. La luz parece adivinarse al final del angosto túnel en que discurre nuestra existencia. Por lo menos es lo que escucharemos en el mes y medio que resta hasta las próximas elecciones. Remedios infalibles a espuertas y muy buenas intenciones. Todo a gusto del consumidor y en su formato habitual. Pero me temo lo peor. Que el día después del evento nos sigamos haciendo la pregunta de siempre: ¿Quo vadis Auria?