Crónica | Festa do Botelo La villa barquense celebró la cuarta edición de la fiesta de exaltación de su producto gastronómico por excelencia, con la presencia de más de 800 comensales
31 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.La Festa do Botelo que ayer se celebró en O Barco de Valdeorras es más que una jornada gastronómica. Es una oportunidad única para que todos los barquenses, valdeorreses y ourensanos compartan una jornada festiva a lo largo de una mesa entre largas conversaciones y con el botelo y la androlla como de testigos de excepción. El recuerdo de una villa de antaño, primeras fotografías en blanco y negro, los paseos a las orillas del Sil, las largas conversaciones en una terraza del Malecón, fueron algunos de los argumentos con los que la Festa do Botelo celebró ayer su cuarta edición. De la mano del pregonero, Francisco Vidal López, un valdeorrés residente en Vigo, las mentes de los presentes se fueron empapando de viejas historias de juventud, con loas a la vida en la calle, a la estrecha e importante relación entre los vecinos y amigos y, sobre todo, a la importancia de no dejar caer en el olvido a personas e historias que sin las cuáles sería difícil entender O Barco de hoy en día. Tras los homenajes, la actuación del Orfeón Valdeorrés y el pregón que se celebraron en la Casa de la Cultura, la atracción se desvió al pabellón polideportivo del colegio Condesa de Fenosa. Largas mesas esperaban la llegada de más de 800 comensales. Sobre ellas serían depositados 150 botelos de 3 kilos, 60 androllas, 800 chorizos, 200 kilos de patatas, 300 de repollo y 150 hogazas de pan. En el exterior se cocinaba el menú y el olor que se percibía en las calles cercanas comenzó a salivar las bocas de los que esperaban a la puerta. En el interior el jefe de camareros organizaba la cita. Todos atentos a la entrada inminente de los ya hambrientos comensales (12 euros la entrada). Grupos enteros de familias, amigos, compañeros. En pocos minutos el pabellón polideportivo se llenó. Tras una brevísima espera entraron en el improvisado comedor una fila de camareros portando las bandejas con los botelos, entre los aplausos. La comida se alargó con torta de roxóns, café y licores y gracias a los sones de un charanga que amenizó la cita. El botelo consiguió ser el protagonista de una jornada en la que además de llenar estómagos se apostó por prestigiar lo propio.