PENÚLTIMA | O |
09 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LA MOCIÓN de la diputada ourensana Laura Seara reclamando atención de la Xunta sobre trastornos alimenticios tan graves como la anorexia y la bulimia, no es un tema baladí. El rechazo del Partido Popular, tampoco, porque rebela la prepotencia absurda y pendenciera de la mayoría gobernante, cerrada en banda a cualquier iniciativa de la oposición, por oportuna y razonable que sea. Ya se sabe cual es la doctrina Aznar, que sus vasallos cumplen a rajatabla: Al enemigo, ni agua. Lo malo es que el matonismo político del presidente y sus huestes se lleva por delante planteamientos sensatos como el de Laura Seara, encaminados a atajar un gravísimo problema, que afecta a muchos jóvenes prisioneros de las dietas sin control y de los valores estéticos de una sociedad que venera dioses asténicos de tallas imposibles. Puede que su prevalencia aún sea pequeña, pero cada caso de anorexia o bulimia es un drama individual, único y singular, que pone patas arriba la vida familiar. De modo que un sistema público de salud decente no puede responder con poco más de diez plazas para toda Galicia en el hospital de Conxo, en tanto que los gobernantes sacan pecho por el superávit de la Seguridad Social.