LA política debe ser seriedad. La falta de esta cualidad ha llevado a reformar la Ley. Parece lógico que si se votan ideas primen esas ideas. Parece normal que si no se vota a nombres no sean nombres los que se impongan. Pero a veces las personas pisotean las ideologías. Ahora, aún con la nueva norma, hay que seguir pidiendo seriedad. Para que nadie crea que la política es un juego, para que no olviden que una corporación no es para satisfacerse a sí mismo sino para defender el interés común.