Crónica | La fiesta de la policía La celebración, anticipada y fuera de sus instalaciones de As Lagoas, deja claro el nuevo estilo que Luis García Mañá ha traído a Ourense
30 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Si se trataba, como parece, de acentuar el cambio, es decir, que se notase que la comisaría de policía sigue un rumbo diferente al de los últimos años, qué mejor que hacer todo diferente. Y ya que, por razones políticas, no hubiera sido prudente retrasar la fiesta de la policía al 12 de octubre, para hacerla coincidir con la patrona de Guardia Civil, pues en el PP sin duda hubiera caído mal la propuesta, se adelantó. Y se celebró no en la comisaría, que es un sitio gris y aburrido, donde sólo el polideportivo ofrece espacio suficiente, sino en el marco incomparable (lo dijo Rosendo Fernández en su discurso) del Liceo, engalanado para la ocasión, aunque los habituales de la biblioteca siguiesen con sus periódicos, ajenos al barullo. Y en vez de la convencional misa en la capilla de San Lázaro, como antaño, o más recientemente la iglesia parroquial de Cristo Rey, el programa social se abrió este año en la Catedral, con soprano, quinteto de cuerda, uniformes y alumnos de policía. Luego, en el Liceo, discursos; condecoraciones; aplausos; alguna lágrima por los ausentes; gestos como el de llamar, cual espontánea reacción, al policía jubilado para que fuese él quien condecorase a su hija, en presencia de la hermana mayor, también policía y abanderada; y anécdotas, como la caída del agente que en un gesto de supervivencia se desvaneció mientras el subdelegado del Gobierno iba de Pío XI al Centro de Investigaciones Sociológicas. García Mañá, el comisario, mezcló la poesía del emigrante, él mismo, que retorna y ve cómo su tierra ha cambiado, con las prosa del orgullo al ver cómo Ourense está «moitos, moitos, moitos» puntos por debajo de la media española en niveles de delincuencia.