DIAGONAL | O |
29 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.DISCAPACITADOS. Otra vez, qué se le va a hacer. En esta ocasión se trata de un incendiario, un joven condenado como responsable de un incendio forestal, que debería haber estado unos meses en un «centro adecuado a la anomalía psíquica que padece» y ahora está en la cárcel, porque, sencillamente, no se entera de qué va el mundo, no abonó la multa que le habían impuesto y paga así. Se trata, según la sentencia que le afecta, de un ciudadano que padece un «retraso mental leve». Un pobre hombre, como casi todos los demás delincuentes (eso son, ¿no?) condenados por sucesos de este tipo. Que la represión de la actividad incendiaria se haya limitado este año a media docena de detenciones, con el encarcelamiento preventivo del autor de un fuego, no es alentador. Pero tampoco invita a tirar cohetes que haya acabado en prisión quien padece un «retraso mental leve» y se ha confesado autor de un incendio que no llegó a causar daños, (aunque ello fuese así por la rápida acción de las brigadas contra incendios de la administración). El sitio de este hombre no es la cárcel. Lo que ocurre es que de él, como de otros muchos, nos hemos olvidado.