MI RINCÓN | O |
01 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.DESDE QUE BRILLA en el universo de la fórmula uno, no hay ningún asturiano que se precie que no conozca a Fernando Alonso. El que no estudió con él, compartió alguna travesura en la niñez, le animó en sus comienzos en el automovilismo o le ayudó a parchar una rueda de su primera bicicleta. Lo mismo ocurre con la política. Cuando nombraron conselleiro de Política Territorial al ourensano Alberto Núñez, tres cuartos de lo mismo. O habían sido compañeros de instituto, o habían paseado con él por Peares, o le habían pronosticado un alentador futuro en la servidumbre pública que, sin duda, ha conseguido ya. Con Mariano, ya se oye algo semejante. Me refiero a Rajoy, el nominado para aspirar a la Moncloa. Brotan los amigos por doquier desde el pasado sábado. Muchos desempolvan la foto de la promoción de Derecho en la que posan a su lado. Otros recuerdan haber ido a los toros a Pontevedra al mismo tendido que él, incluso navegar por la ría en su misma nave. La derrota es huérfana y la victoria tiene mil padres, dice el aserto popular. Hasta quienes recelan de él proclaman: «con el ata a morte». Cosas de Baltar. Fíate, Mariano.