Un proceder que de una forma inconsciente roza la xenofobia

La Voz

OURENSE

28 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Para muestra, un botón. Cliente de aspecto latinoamericano, origen cubano e identificación americana (de Miami). Tienda de fotografía en el centro urbano. La tarjeta de crédito no figura en la lista de las robadas, ni desaparecidas. El sistema electrónico la acepta como si tal cosa. Luego es buena. Ahí se acaba la transacción para la responsable de la tienda ourensana afectada, inicialmente satisfecha por la venta, pero también incómoda, consciente de que su proceder ha rozado la xenofobia. La firma emisora, qué importa cuál, ingresará en la cuenta de la tienda el importe de la operación, previa resta del 5%, a los pocos días: una semana, día arriba o abajo. Primer capítulo cerrado. No pasa mucho tiempo, sin embargo, para que la misma firma local, por culpa de esa venta, se vea abocada a un segundo paso adelante en esa crisis de conciencia. La firma emisora de la tarjeta le va a reclamar los originales, quiere saber quién hizo la venta y si se comprobó la identidad del comprador. Ha sido, dicen, una venta irregular y aspiran a que el comerciante local pague el pato. Es decir, que les devuelvan el dinero correspondiente a la venta, porque alguien suficientemente listo consiguió hacer valer como buena una tarjeta presumiblemente robada sin que su dueño aún se hubiese percatado de ello, o, lo que es más probable, doblada : una tarjeta falsa, con toda la apariencia de autenticidad y los datos de la banda magnética copiados, correspondientes al cliente de verdad, que, al recibir en su casa la liquidación mensual de los cargos se encontró con uno en un lugar donde nunca había estado. Y lo denuncia. Igual, pero al revés, que ocurrió a algunos clientes ouernsanos de Caixa Galicia, que en primavera se encontraron con cargos procedentes de países asiáticos. Con una diferencia. A los particulares, el banco les devolvió el dinero. Al comerciante ourensano aún se lo exigen. Y como no está dispuesto a pagar, así se lo ha comunicado a la firma expendedora de la tarjeta, a la que, al mismo tiempo, ya le han advertido que en lo sucesivo no admitirá su plástico como medio de pago.