DIAGONAL | O |
25 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LLAMA LA atención al profano, al peaton, ya no digamos al sufridor, leer cómo un subdelegado del Gobierno (por ejemplo de Pontevedra) confirma detalles sobre la forma en que operan y la composición de las bandas de atracadores que con extraordinaria eficacia roban aquí y allá. Que si son del Este, que si están formadas por ex militares, que si actúan con una precisión milimétrica, si están escondidos en Portugal, si son escurridizos, o si hablan entre ellos en latín. Hasta sabrán qué marca de tabaco fuman. Extraordinario, dirá el lector, pero estaría bien que alguna vez viésemos a alguno esposado. Que los pillaran, vaya. Parece que fue ayer, pero hace ya una buena temporada que otro subdelegado más próximo, el de Ourense, cuando la policía estaba a punto de asfixiar a la banda que entonces se dedicaba a atracar gasolineras, anticipó la inmediata detención, dijo que estaban identificados y alguna que otra cosa más. Volaron, claro. Ni se les identificó, ni apresó, ni juzgó, ni tampoco condenó, pero se fueron. ¿Será la del farol, llegados hasta aquí, la nueva técnica política de lucha contra la delincuencia? Seguro. Si lo es, ya puestos, que digan quién quema el monte.