Los cabrones del mechero

OURENSE

DIAGONAL | O |

04 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

UN MES raro sí que es el de agosto. Casi todo el mundo está de vacaciones. La actividad diaria se resiente hasta extremos que nos chocarían si los viésemos en otra época del año, sobre todo en las distintas áreas de la administración pública, donde la respiración se limita a un punto que hace pensar en un peculiar letargo, que nos diferencia de otras especies del reino animal, más adaptadas para el descanso invernal, para el alejamiento de la cruda realidad con los fríos y las bajas temperaturas. Lo sorprendente de este mes es que, frente a esa oficializada modorra que en una peligrosísima laxitud nos coloca al borde de la caída de tensión, se yergue un espíritu festivo tripeiro digno de estudio. Según se quiera ver, es para reir, o para llorar, que nunca se sabe, pero ahora no toca entrar por ahí, ni andar con mucha finura, que las neuronas andan un poco más torpes de lo habitual, ya por el calor, o por el retorno y vuelta a la realidad. Lucen muchas oficinas, sobre todo ahora, aquello de que el día se presenta bueno y alguien vendrá, digámoslo suave, a fastidiarlo. Pues agosto es igual. O parecido. Todo va bien hasta que aparecen los cabrones del mechero, los incendiarios.