ES UN héroe mediático de andar por casa, por su casa, por su propia televisión. Él mismo repitió, una y otra vez, una y otra vez, las imágenes de su llegada a la comisaría. Una llegada repleta de patadas (las suyas) y de soberbia (la de los policías). Sabe a rancio un grupo de adolescentes movilizados, cámara en mano, dispuestos a todo por la causa impuesta. Saben a rancio los policías, demasiado aleccionados, pidiéndole el carné a un cura al que conocen de sobra. Rancio.