Pintura autodidacta

JERÓNIMO MARTEL

OURENSE

MIGUEL VILLAR

OURENSE CON EL ARTE | O |

16 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ESTA SEMANA coinciden en nuestra ciudad dos exposiciones de artistas de fuste y vitola, que, sin embargo, no han pasado por la formación propiamente académica, aunque sí han tenido maestros, buenos maestros. Verdaderamente, el artista nace, no se hace; o, mejor, el artista nace y se hace a un tiempo, pero se hace siempre desde sí mismo: como diría un filósofo, «educiendo» -aflorando, desde su propia intimidad- esa materia prima que integra las reservas ocultas de su propia capacidad artística. Unos paisajes luminosos En la sala inferior del Centro Cultural de la Diputación expone Secundino Rivera hasta fin de mes. La muestra suma 26 cuadros -son 24 óleos sobre tela y dos sobre madera-, diversas litografías -en realidad, son linograbados; esto es, grabados sobre linóleo, realizados con una técnica similar a la del grabado en madera-, varios dibujos a plumilla y dos esculturas en bronce realizado a la cera. Toda la obra expuesta pertenece a los dos últimos años, excepto las esculturas, que son anteriores. Secundino Rivera es natural de O Barqueiro (A Coruña), inició su arte en Madrid, pasó luego por París, más tarde vivió y pintó o esculpió en Venezuela durante toda una larga vida adulta y ahora está ya de vuelta, definitivamente, entre nosotros, residiendo en A Coruña. Su maestro inicial fue Francisco San José, uno de los componentes de la llamada Segunda Escuela de Vallecas, creada por el paisajista Benjamín Palencia y que figuró en el panorama artístico madrileño de 1939 a 1942. Precisamente, su iniciación en la pintura se podría entrever de algún modo en esa mezcla de impresionismo y cubismo o esa pincelada ancha -características de Benjamín Palencia en sus primeras etapas-, que cabe apreciar en los paisajes de esta muestra. El caso es que Rivera expone desde 1962 y en el presente año 2003 acaba de exponer en la Casa de Galicia, en Madrid. Y, en cuanto a su pintura, refleja un expresionismo sereno intensamente colorista, adscribible al llamado nuevo luminismo. Así en sus cuadros no se da el claroscuro, sino un contraste entre colores, claros y oscuros, que le ha propiciado el calificativo de pintor de la luz. Unos retratos inquietantes En el Ateneo , expone Javier Varela (Allariz, 1970), hasta el día 8 de agosto, bajo el título Paisaxes, figuras e retratos y dentro del programa Os nosos artistas. Su maestro fue su propio padre, el pintor Varela Gillot. En cuanto a su relación con las aulas del arte, sólo registra el cursado de estudios fotográficos en la Escuela de Artes Aplicadas de Palma de Mallorca. Puede decirse que ha expuesto en todas las salas de arte ourensanas: el Liceo (1984), el Ateneo (1985), la Caixa de Orense (1990), Studio 34 (1992), el Museo Municipal (1994), la Casa da Xuventude (1996) y otra vez el Liceo (2002). En la presente muestra, expone hasta una veintena de cuadros, todos óleos y casi todos ellos sobre tabla. Su estilo es figurativo, se dedica a los formatos medios, manifiesta una gran preocupación por el ambiente que flota en sus obras, y vuelca su temática sobre la figura humana o el paisaje urbano. En la exposición se integran varias etapas del artista que dan lugar sobre todo a dos series de cuadros: una de retratos -siempre anónimos- y otra de figuras humanas. Lo mejor de este artista son, creo, sus retratos, que tienen alma, misterio y clave, expresados de mano maestra.