EN LAS AULAS | O |
26 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EMPIEZO a estar saturado. De predicar en el desierto. De largar inútilmente la misma homilía aderezada con distintos condimentos. Tratando de convencer a la parroquia de que Ourense necesita un cambio radical. Una nueva forma de concebir y ejercer la política. Que nos aleje de la mediocridad y del arribismo reinantes. Pero también una transformación estructural de mayor calado. Que nos permita engancharnos al progreso sin renunciar a nuestras raíces. Y que dejemos de ser una provincia subsidiada para convertirnos en un feudo del desarrollo. Pero seguimos por el plano inclinado. No solo porque en las elecciones se repitan machaconamente los mismos resultados. Ni porque los informes de la CEO o las estadísticas del IGE evidencien el inmovilismo socioeconómico en ejercicio. Simplemente porque el futuro pinta igual de negro que el presente. Y ahí está el caso de la alcaldesa de Porqueira. Una joven universitaria que aspira a la misma sopa boba que sus predecesores. O los estudiantes del Campus. Que renuncian alegremente a la posibilidad de completar sus estudios en el extranjero. Así no hay solución.