La realidad rompió una ilusión

Marta Carballo OURENSE

OURENSE

Fue el partido del cambio. La organización del «ahora es nuestro turno». Fue la bandera del optimismo, de la seguridad, del convencimiento de que la revuelta social que se vivió en Galicia les daría el bastón de mando en detrimento del PP. Ahora el BNG es el partido del «casi», el de la sensación agridulce. Con la ilusión como máxima y el progreso como lema, los nacionalistas miraban al 25 de mayo como el día de su proclamación. La jornada de la caída de la mayoría del PP. La ciudad era el ejemplo que eligieron para hacer realidad una corriente de simpatía que sentían y proclamaban. Buscaban a los jóvenes y a los desencantados. Pero no fueron suficientes. Incrementaron los votos, ganaron concejales pero perdieron la guerra. El PP sigue gobernando en Ourense capital. Los nacionalistas casi lo consiguen, pero la realidad les devuelve a la oposición, quizás porque el esfuerzo de un mes no fue suficiente para compensar cuatro años de relajación. El BNG se queda en la provincia con lo de siempre y busca los pactos para ganar alguna nueva alcaldía que presentar como una victoria más en esta controvertida contienda. Como destacable, resalta su capacidad para aceptar los golpes y su maestría al presentar los resultados como un cierto triunfo. Por delante quedan cuatro años. Los resultados, el «casi llego», vale hoy pero mañana lo único que se recuerda es que el BNG vuelve a la oposición en la capital y que mantiene, en la provincia, los mismos concellos de siempre.