Anna Champeney investiga desde A Teixeira la artesanía textil gallega, motivo de su tesis universitaria La historia de una arqueóloga que cambió el Reino Unido por Galicia
13 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.? En Castro Caldelas el paisaje, por la carretera de Monforte, es espléndido. Cristosende, ya en A Teixeira, despliega su caserío tradicional por el paisaje. Es una postal que conmueve al visitante. Por una carreira del núcleo, al fondo, se asoma la vieja casita de Anne Champeney y su marido, Lluis Grau. Aquí hay historia. Ella nació en Norwich, Inglaterra, el mismo año en que el hombre pisó la Luna. Estudió Arqueología, Historia Antigua y Latín en la Universidad de Bristol. Siendo estudiante vino por vez primera a Galicia, en 1989, porque quería investigar las pallozas de Os Ancares. En el 95 consiguió una beca de la Vicente Canada Blanch Foundation que le permitió pasar siete meses en tan bello paraje del que salió la tesis The Los Ancares Project . Por sus páginas pasan artesanos trabajando en vivo. Aquella Anna de 23 abriles viajaba por los pueblos con su furgoneta-casa buscando cesteiros, ferreiros, alfareros y algo que marcó su vida: tejedoras, cuyos trabajos impactaron en la joven inglesa. Consiguió una segunda beca para estudiar las colchas gallegas, iniciativa de la que hoy posee un archivo fotográfico de más de cien piezas. De ahí salió el libro, aún inédito: Las colchas de Galicia . «Cuando realicé mi máster en museología tuve que hacer una tesis y decidí hacerla en Galicia, quería volver y estudié la vida rural de los pueblos comparándola con los museos etnográficos. Empecé a enterarme de que aquí había una fuerte tradición de artesanía popular», dice Anna. Su verbo es dulce, en perfecto castellano, y simpático. En la sala de la casa, muebles antiguos, una ventana azul que nos enciende el paisaje de la Ribeira Sacra. El encanto de un refugio cuyo ambiente salpica la música de Lennon; el escritorio lleno de papeles y los libros ingleses de nuestra protagonista. Anna dio charlas y escribió artículos sobre las cosas que investigó en nuestra tierra y se decantó por el mundo del tejido: «Quise buscar símbolos en las colchas pero me di cuenta de que la mayor parte de los que se usan son sacados a dedo de libros de punto de cruz pero hay dibujos universales de publicaciones que proceden de Alemania, editados en el siglo XIX, y volví a entrevistar a tejedoras». Un sueño Comparó cada colcha pero entendió que los motivos eran simplemente estéticos, sin más. «Estudiando las colchas me llegó la idea de empezar a tejer yo». Dicho y hecho. Era un sueño y vino a desarrollarlo a Cristosende desde 2000. Primero recibió un curso en Inglaterra y luego aprendió con Elizabeth Salgado. El Concello de Castro Caldelas le dejó un pequeño telar con el que hizo una serie limitada de bufandas, piezas artesanales cuyo tinte es natural. Porque investiga cómo extraer el tinte de las plantas. Reconoce que cuando empezó a tejer aquello «fue una tortura, horrible» y, encima, en pleno invierno. La pareja está restaurando la casa. Un poco más allá, tras un prado, está el taller, inmueble viejo pero lleno de encanto. Abajo, Lluis guarda el mimbre y lo traduce en arte. Es cesteiro. Arriba, teje Anna. Se vale de un gran telar moderno y es un placer verlo en acción. En otra estancia hay un telar centenario, todo de madera sin una sola punta. Es pieza de museo que nos recuerda graciosamente la estructura del coche de los Picapiedra. «No tengo duda, quiero ser tejedora, ganarme la vida así. Me gustaría seguir dando charlas, investigar, seguir con lo que empecé hace seis años por la curiosidad grande que tengo», reconoce.