Más allá del dogmatismo

Marta Carballo OURENSE

OURENSE

SANTI M. AMIL

Los nacionalistas enriquecen la escenografía política con zancudos que reparten propaganda, juegos en la calle, un concierto y una representación teatral

13 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Vamos paseando por el barrio de A Ponte, a eso de las siete y media de la tarde, y un grupo de animación nos sorprende. ¿Teatro en la calle? Bueno, depende de como se mire. Nos acercamos a los zancudos que se mueven, con moderada agilidad, de un lado a otro y nos encuentramos con la respuesta. En sus manos tenemos la foto del candidato nacionalista por Ourense, Alexandre Sánchez Vidal, y sus propuestas de gobierno. Es el efecto sorpresa por el que parece haber apostado el BNG para estas elecciones. Imagen y un guiño a la simpatía en medio de la cansina campaña. No es la única actividad que se sale del guión tradicional. Los niños pueden participar en una serie de juegos creativos que proponen los nacionalistas para incentivar la participación y la cultura. Crean su propio libro y se inventan sus historias. Construyen la ciudad en la que les gustaría vivir sin pensar en planes de urbanismo. Se divierten sin plantearse quién ha convertido la calle en un patio de recreo, quién es el señor que sale en la foto de la propaganda que están repartiendo. Sin tener que decidir a quién votarán el próximo 25 de mayo. Vamos, que están ajenos totalmente a las carreras de los candidatos, a las megafonías de los partidos, a las peleas por llegar al poder. Los nacionalistas cambian la austeridad por un pequeño toque de color. Mantienen la cara, un tanto gris que caracteriza a todo político, pero la combinan con una sonrisa. Mientras Alexandre Sánchez Vidal da un mitin en una asociación vecinal, fuera los zancudos y los animadores juegan con los niños y reparten la foto del candidato. El BNG se aferra al poder de la imagen, a la importancia de la escenografía. Es consciente de que los detalles también pueden dar votos.