Y ya pasaron veinte años

| XOSÉ CARLOS CANEIRO |

OURENSE

BOLEROS A LA LUZ DE LA URNA

12 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EN EL OCHENTA Y DOS, cuando las rosas eran rojas todavía, Felipe miraba en verde, que es como miran los entusiastas y los enamorados. El futuro era hermoso. Pasados os anos, o futuro foi converténdose nun bandoneón gris, moi de Otan, de mal rollo, de corrupción e cloaca. Sen embargo, queda París. A memoria. O recordo dos días fermosos, cando Felipe abría os brazos e mil pombas bicaban os corazóns enardecidos que gritaban liberdade, democracia, liberdade, xustiza, liberdade, esas palabras de diccionario. Queda recordar os días felices. Cando a voz acariñaba os dedos e as promesas parecían eternas, de verdade, como se houbese amores perdurables, inacabables, deses que escriben nas paredes y uno, que es un ingenuo, va y se lo cree. El pueblo creía en Felipe: era un presidente de andar por casa, de zapatillas en la estufa. Non, Aznar é outra cousa: metálico, frío, como unha factoría de automóbiles, un capataz de la hacienda pública. Eu quédome con Felipe, recordando. Cuando Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Claro que después nos salió rana, y alguna vez nos lo explicará: con poemas de Neruda y una canción de vino tinto y mariposas entre los labios. Hablando de los días hermosos. Cando as lágrimas non eran de naftalina, cando todos miraban en verde, cando berrabas e un batallón de flores acariñaba a túa pel, de abrazo en abrazo. Y ya pasaron veinte años. Dios vuelve a Auria. No iré a verte. Puede que me ponga melancólico. O que escriba, como un idiota, en los ojos de la luna. Ya ves, Dios, hay cosas que no las cambia nadie. Ni tú.