DIARIO DE AURIA | O |
03 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.CHAMA por teléfono unha amiga veterana e comenta, como unha flor: «Carlos (las amigas veteranas todavía me llaman Carlos), escribe mañana un artículo tan lindo como el de hoy». A ver, cariño. Paso por casa dun amiguete ao que sorprendo con máquina poderosa rasurando o xardín. Celebramos entre risas a frase do campeón Bonavena: La experiencia es un peine que te dan cuando ya no tienes pelo. Medito na sentencia fatídica que uns ollos pronuncian: yo soy más sincera que tú (ahí queda eso, bonita). Ducha. Outra ducha. Sigo preso nun estado letárxico, comatoso, felizmente licoreado. Intento ler o suplemento cultural do periódico pero só consigo imaxinar cabaliños de mar pisoteando a miña cabeza. O sofá. A resaca canalla apoiada no cedé que reza o himno perpetuo: sin un amor la vida no se llama vida. Y esto es todo lo que se me ocurre, que no es mucho, lo sé. Las historias de siempre. ¿Recuerdas al viejo Neruda? Historias que contarte a la orilla del crepúsculo, muñeca triste y dulce, para que no estuvieras triste. ¿Recuerdas, cariño? La orilla del crepúsculo y tu juventud jugando a hacer claveles con la mía. ¿Recuerdas? Parece que fue ayer.