TIERRA ADENTRO | O |
30 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.LLEGA mayo florido y hermoso con el primero festivo para que todos celebremos con tórrido fervor lo que menos tenemos: trabajo. Llega mayo cargado de días colgados de las promesas; días, en consecuencia, idos; días idénticos a otros días que se suceden cargados de razón y de objetivos. A este mayo que habrá de ser florido le van sobrando ya promesas y le van faltando días para creer en ellas. Ayer, sin ir más lejos, un presidente autonómico de edad se metió entre pecho y espalda cuatro inauguraciones, una tras otra, en apenas una hora. Escaso consumo del día preelectoral. Noticia imposible. Pura ficción. Cuento chino. Hoy mismo, los tres sindicatos de clase -CC.OO. UGT y CIG- acudirán al primer día de mayo cogidos de la mano a manifestarse por el empleo que escasea; por la dignidad que aún no alcanzamos; por el esfuerzo que nos queda y por el que hemos dejado atrás. Ya frío. Llega mayo cargado de días extraños, de días con encapuchados encaramados al anonimato para pegar carteles electorales y de militantes que no militan encaramados a las listas. Días, como todos sabemos, para salir corriendo. Huidos.