PENÚLTIMA | O |
29 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.¡QUÉ PEREZA enfrentarse a todo un mes de campaña electoral inspirada desde arriba por la chulería zafia de Aznar y la insoportable levedad de Zapatero!. Menos mal que el viernes llegó Serrat a Ourense y nos dejó una pequeña dósis de amor y utopía a esa generación de entre treinta y tantos y cincuenta y tantos, que cantamos con él a voz en cuello los versos de Machado. Fue una suerte y una vacuna para soportar la murga que se nos avecina, la algarabía de tantos estultos, trepas y embusteros dispuestos a embaucarnos que, como siempre, dejarán en sordina la voz de algunos hombres justos, con sentido común y, quizás, planes de futuro razonables. Pensando en la política que todo lo invade y que tan puerilmente de define como "el arte de lo posible", debemos convenir que será más llevadero lo que queda hasta el 25 de mayo, luego de que Serrat nos reconciliara con esa utopía que no tiene bastante con lo posible, y desempolvara de nuestra memoria el amor irisado de milagro, instinto, fortuna, ilusión, placer, temor, emoción, celos, rito, fuego. El amor, en fin, con las alforjas cargadas, puesto en brazos de la sensualidad y el lujo de vivir.