Los candidatos a la alcaldía por el PSOE y por el BNG reflexionan sobre la crisis internacional y sobre el papelón que tienen los vecinos de la costa gallega
07 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?roblemas tener, lo que se dice tener, tiene unos cuantos. Ourense, digo. A veces la provincia no va del todo bien. ¿Ejemplos? El paro. Es una de las cosas que más preocupa a los españolitos de a pie a los que les ha tocado este trozo de país. La baja natalidad, el envejecimiento de la población y el despoblamiento de los pueblos son como una trágica trinidad: tres dramas en uno. En la capital, por otra parte, aumenta la inseguridad. Lo dice, alto y claro, la preocupación de los vecinos. Con la meseta nos comunicamos más bien mal. Y nos lleva tiempo, bastante, llegar hasta Santiago (de A Coruña y Ferrol, ni hablamos). ¿Qué más? Uff. La lista es larga. Y los agravios preocupantes. O a lo mejor no tanto. Los candidatos a la alcaldía de Ourense (Sánchez Vidal por el BNG y Pérez Gabriel por el PSOE) ven estos días la vida de color de rosa. La ciudad, que es lo que les atañe a ellos, está para comérsela. De rechupete. Si no, no se explica que la sección femenina de la lista que encabeza Sánchez Vidal convoque a los medios con motivo del Día da Muller Traballadora para hablar de lo que van a sufrir las iraquíes (que sí, que es una verdad muy gorda y que da rabia) y para alabar el trabajo de las mujeres gallegas de la costa, las féminas a las que ha castigado el Prestige (que también, que están sacando adelante sus casas y levantándole la voz al chapapote). Será que en Ourense no hay mujeres pasándolo mal. Será.Por su parte, Pérez Gabriel coloca en el Paseo mesas de firmas contra la guerra, con el pueblo iraquí en mente. Recoge rúbricas testimoniales, que no servirán para apoyar ninguna iniciativa parlamentaria. Y la idea es buena. Pero podía habérsele ocurrido pasarse a esa misma hora por el Concello, en el que aspira a representar a los ourensanos. Que había pleno. Y que no estaría mal que vaya tomando contacto, aunque sea como espectador. Y tratando, de tú a tú, los cosas de la ciudad.No es nada nuevo. Las preguntas de muchos diputados ourensanos en Cortes dan risa. Interpelan al congreso sobre un montón de cuestiones frente a las que los problemillas de Ourense, esa provincia penúltima, no lucen. «Como soy tan pequeñito y tengo tan poquita voz...»Mientras tanto, Ourense, que es muy celoso, pide mimos. Desesperadamente.