DIAGONAL
20 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.A VECES, pocas, en las historias más negras aparecen brillos de color. Y también a veces, no siempre, merece la pena ver el lado bueno en las relaciones humanas. Resulta esperanzador, sobre todo cuando el entorno se muestra especialmente hostil. Y si, por un lado, la crónica del día nos trae a un empresario que, por una deuda, lleva al banquillo de los acusados a quien fue su compañero de caza durante muchos años, imputándole dos delitos y solicitando para él una condena que lo arrastraría a la cárcel, por otra lado tenemos la historia de dos abuelas enzarzadas durante año y medio en la disputa por la custodia de un nieto. El entorno en el que se han encontrado estas dos mujeres es terrorífico. En el cementerio tienen hija e hijo: ella, por un accidente de tráfico; él, a tiros y con un grave cruce de imputaciones. Peleaban a muerte por el nieto. Después de varios meses de tensiones y desencuentros, sin que quien tiene administrativamente la obligación de mediar consiguiese ni un saludo entre ellas, ha tenido que ser la flexibilidad y el sentido de un juez y una fiscal lo que animó la aproximación y, seguramente, la mejor solución. Lástima que otros no sepan mirarse a los ojos.