Víspera de Nochebuena. Cuatro rumanos buscan comida a cambio de solidaridad. Cambian chapapote por un pedazo de pan. Fácil de entender para todos menos para el departamento de servicios sociales del Concello de O Carballiño. Sucedió ayer. Cuatro inmigrantes acudieron a las dependencias del consistorio carballiñés en busca de auxilio. Se ofrecieron para trabajar en la recuperación de la costa gallega a cambio de comida. Sin embargo, la única respuesta que obtuvieron fue una llamada al Colectivo Xuvenil Comor, única entidad en la comarca carballiñesa que trata de organizar grupos para limpiar las playas. A media mañana los rumanos llegaron a la sede del colectivo. El Comor simplemente sabía que «catro persoas queren colaborar de voluntarias». Con evidentes síntomas de desnutrición, vestidos con lo justo y con mil problemas para expresarse en castellano, pronunciaron una y otra vez la palabra trabajo. También el destino apetecido: «Coruña». Atando cabos, dejaron claro su mensaje: Llevaban varios días pasando hambre, sin un sitio en donde dormir y su única opción de supervivencia era limpiar las playas para poder comer al lado de los voluntarios y pernoctar en el parqué de un pabellón. El «Palace», dada su situación. Satisfacer su objetivo, habida cuenta de las trabas de la administración resultaba imposible para el colectivo carballiñés. Pero no sus ganas de colaborar. Pese a sus escasos recursos, el Comor pagó el menú del día en un restaurante de la localidad (48 euros) y el billete de tren (56 euros) de los cuatro ciudadanos del este europeo para viajar a A Coruña para que desde allí puedan conectar con la costa o al menos encontrar colaboración por parte de alguna institución. Pocos minutos antes de las siete de la tarde iniciaron su camino hacia la esperanza. Antes, a última hora de la mañana el Concello carballiñés estaba dispuesto a enviar a los cuatro rumanos al hogar del transeúnte. Fue su única alternativa a la llamada desde la asociación juvenil. No convenció a los inmigrantes. Preferían buscar el norte. Su experiencia con el consistorio local no admitía una segunda oportunidad. Suena a cuento de Navidad pero se ciñe a la cruda realidad. A veces la realidad supera a la ficción.