O Barco celebra unas jornadas culturales en las que rinde homenaje a la diversidad de nacionalidades entre su población
06 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Tres kilos y medio de refajos, faldas, paños y tocados bajo un sol de justicia. Los integrandes de los grupos folclóricos de Portugal y O Barco sienten que el hermanamiento entre ambos pueblos es una realidad mucho antes de que las autoridades se decidan a dar comienzo al acto oficial que abre las primeras Jornadas Multiculturales organizadas por el Concello barquense. Es la una de la tarde del sábado y los 30 grados ya sólo se consiguen a la sombra. El sudor es universal y no hace distinciones de raza, sexo o lengua. Llevamos una hora de retraso sobre el horario previsto cuando la banda de gaitas ofrece la bienvenida con temas de su primer disco en el mercado. También la música, aún la más autóctona, es universal. No hay más que observar al jovencito del grupo de Freguesía de Cela (Chaves), que mira embobado a la joven barquense mientras ésta hace malabarismos con los palos del bombo. Está tan absorto que no se da cuenta de que muchos ojos miran con el mismo gesto de sorpresa el acordeón que él mismo sostiene. Poco después, se unen los integrantes de Danças y Cantares de Botica y, en perfecta formación, las tres agrupaciones inician un recorrido por las calles barquenses. El público que pasea por el caluroso asfaltado, -hoy como es feria hay más de lo habitual-, agradece el espectáculo, la mezcla, el colorido que aportan. Hace dos minutos que oigo suspiros entrecortados a mi espalda. Me vuelvo con discrección. Una señora que poco antes me cedió el paso, se lleva un pañuelo a los ojos y la nariz alternativamente. Deduzco que es portuguesa y posiblemente se ha emocionado recordando su localidad natal. Curioso. Hasta hace dos minutos era, para mí, una vecina más con su bolsa de la compra.