Los protestantes acusan al Concello de favorecer el culto católico poniendo a su servicio la capilla del cementerio de Santa Mariña La capilla del cementerio de Santa Mariña no es aconfesional pese a que en el proyecto de la misma, elaborado por el equipo del socialista Veiga Pombo, se contemplaba como tal. Un enorme crucifijo, cálices, cirios y otra simbología católica, dan cuenta de su confesionalidad e impiden a los fieles de otros cultos religiosos celebrar en ella sus actos funerarios. «El edil de cementerios, José Luis Rodríguez Cid, no dijo la verdad cuando afirmó en los medios de comunicación que la capilla está desprovista de símbolos», sostiene el representante del Ministerio Iglesia Cristiana Evangélica, José Peteiro, quien advierte que pese a que durante años mantuvo la aspesia «hace dos que se apropió de ella la iglesia católica con la aprobación del Concello».
12 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Cada domingo hay misa de doce -oficiada por un sacerdote católico- en la capilla del cementerio de Santa Mariña proyectada como aconfesional para acoger a los fieles de todas las religiones que conviven en la ciudad y a quienes ampara la Constitución. Los representantes de las iglesias distintas a la católica se sienten marginados. Así lo hicieron saber algunos de ellos al BNG la semana pasada y el grupo nacionalista remitió al gobierno local algunas preguntas con la intención de que se aclarara este hecho. El nuevo edil de Cementerios, José Luis Rodríguez Cid, contestó negando favoritismo a los católicos y señalando que la capilla «está desprovista de simbología religiosa para que los fieles de las distintas iglesias que acudan pueda instalar la suya». Dijo también el edil que si no se celebran actos de otros cultos es «porque no se solicitan». Muros Peterio sostiene que «ningún protestante celebraría sus cultos en una capilla plagada de simbolos de otra iglesia». Recuerda el evangelista que «la capilla se proyectó contando con nosotros y los representantes de otras iglesias que había en la ciudad y se mantuvo aconfesional durante los primeros años, pero desde hace dos se nos ha ido marginado poco a poco». Se lamenta de que «conseguimos evitar la discriminación en el cementerio y que se rompiera el muro que nos separaba de los católicos, pero ahora nos encontramos con que se levantan otros muros más sutiles».