Salvar el mural del fundador del Circo de los Muchachos suponía 1.200 euros en un plan de 1.8 millones de euros que sufraga la Xunta A mediados de los años 50, en plena época de miseria, se celebraban en Ourense unos cursillos de cristiandad que fueron una revolución. Fruto de aquella cita fue un mural en un salón del Obispado, pintado por un joven que tiempo después se convertiría en el padre Silva, fundador del Circo de Los Muchachos. El fresco ya no existe desde esta semana. La restauración del palacio episcopal se la ha llevado por delante. La curia, sin decir nada, apuró un comunicado pidiendo perdón al padre Silva y expresándole el «dolor» por esta pérdida en aras de recuperar la ventana tapiada por el mural. Silva está molesto porque no le dejaron mover el fresco con sólo 1.200 euros, dice, en una restauración del pazo, que llega a 1,8 millones de euros del erario público.
07 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Jesús Silva quiere guardar silencio después de ver la postura del obispado: «Han pedido perdón por algo sobre lo que aún no se les había pedido explicaciones. Se adelantaron». Y el pintor no pudo trasladar el cuadro. «El obispo me puso en contacto con el arquitecto y éste me dijo que trasladar el cuadro no supondría más de 200.000 pesetas (1.202,02 euros). El mural estaba bien conservado, sólo tenía unos rasguños tras medio siglo, que yo hubiera restaurado en no más de dos horas», asegura su autor después de medio siglo. «Nadie habló conmigo», dice el afectado. Sólo el vicario de proyectos, Cesáreo Lourido, «que me dijo que me dejaban trasladar el cuadro por mi cuenta. Yo estaba dipuesto a ello». El sábado pasado Slva tuvo que ir a Madrid, «llamé por teléfono al vicario y apenas me atendió quizás por un abuso de confianza; le pedí el teléfono del arquitecto». Al regreso, el padre Silva fue al obispado en obras y el mural aún estaba allí. Pero cuando consiguió halar con el arquitecto la obra artística había sido derribada. La Coordinadora de Benposta envió cartas al obispado, contraria a esta decisión de los vicarios. El cuadro ya no se puede recuperar. «Era un cuadro avanzado para la época», asevera su autor. Medía tres por dos metros lo que le daba un aspecto de cierta grandiosidad. Era una apología de los cursillos de cristiandad, pintada por un joven que había tenido el permiso del obispo Temiño y nadie sabía que pintaba sobre una ventana tapiada. La sorpresa vino ahora. Y la prisa por eliminar la pintura. El hermano del sacerdote, José Manuel Silva, que tiene una buena muestra de todas las etapas artísticas del primero, es claro: «Nos quieren hacer estar en el candelero», refiriendose a la curia ourensana. En fuentes de la curia, hay quien dice que el padre Silva «siempre tiene que hacerse notar». Y la polémica está servida. «Ese cuadro era parte de la historia de este pueblo de Ourense», insiste el hermano mayor del sacerdote ourensano.