El padre, aunque nunca le vio un «comportamiento indecente», sugirió que «daba moita confianza ós mozos». Él creía que su deber como padre era enseñarla, que era muy joven para tener novio y que debía esperar «porque é moi tenriña» y que hasta los 18 años se debía dedicar a estudiar. y que luego tendría tiempo para novios. Porfirio reconoció que su hija lo odiaba. La familia vivió en Portugal, de donde son naturales los padres, y hace unos años se trasladó a Valdeorras. El fiscal pidió para Porfirio seis fines de semana de arresto y una indemnización de 50.000 pesetas (300,51 euros) por una falta de lesiones y 100.000 pesetas (601,01 euros) de multa por vejación injusta continuada. La defensa solicitó la libre absolución por falta de pruebas y por entender que el padre no había tenido nunca intención de agredirla. La joven, antes de concluir la vista, dijo que estaba dispuesta a quitarle la condena a su padre si la deja en paz y le da la parte que le corresponde por la herencia de su madre.