«Soy rebelde, tengo razones para ello»

La Voz

OURENSE

Texto: CRISTINA HUETE / Fotografía: MIGUEL VILLAR DE MUJER A MUJER Berta Collarte, pediatra e hija del empresario ourensano desaparecido hace dos años Dos años después de la desaparición de su padre, Berta Collarte es, como se puede suponer, una mujer atravesada por una herida abierta y transversal -afecta a todos los órdenes de su vida-. Pero esta pediatra menuda, discreta en el vestir y tremendamente fervorosa en una militancia fraguista donde la hubiere -«Siento a Fraga como si fuera mi padre y sufrí al verlo tan cansado en esta campaña»- es también definitiva, rotunda, resuelta y corajuda. Se explica así que asista impertérrita desde hace dos años exactos, sin mirar al que dirán, a cuantos actos oficiales acuden en Ourense conselleiros, ministros u otros para recordarles que lo suyo -la búsqueda de su padre- está pendiente. Mientras espera, esta mujer empecinada se replantea su vida. Asevera, con demostración infinita del carácter que la alumbra: «Yo cambio muy poco de ideas políticas y de peinado».

27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde la desaparición de su padre, Berta Collarte vive con una mano en el móvil. Y éste, realmente. tiene vida propia. Con la otra, sostiene no sólo su vida, sino también la de sus tres hijos -una universitaria, un adolescente y un niño de 6 años-, la de su madre y una sospecha que, también, la de su marido y sus dos hermanos y la de cualquiera que se le acerque lo suficiente como para tocarle los afectos. «Yo creo sobre todo -dice- en la justicia social; en la solidaridad». -¿En qué momento vital se encuentra actualmente como mujer? -Empiezo a pensar que dejo de ser joven pero siento que me quedan muchas cosas por hacer y eso me da pena. No porque me salgan arrugas; no es eso. Es que siento que me falta tiempo para hacer lo que me gustaría. Cuando pensé que había acabado con la crianza, con un hijo de nueve y una de doce; cuando había pasado por la primera enfermedad de mi padre, a quien atendí, tras un derrame cerebral que lo dejó hemipléjico; cuando creí que me podría dedicar a mí misma y compaginar mi profesión con algo más, me llegó un bebé y empecé de nuevo. -Acaba de hacer una perfecta descripción del papel de la mujer en esta sociedad -compañera y profesional, pero también madre e hija cuidadora- con que tanto se llenan la boca los políticos y los programas electorales. -Es que yo creo que los hombres son monodireccionales. Por muy buenos que sean, suelen tener un objetivo fijado y sólo ese, que suele ser su trabajo. Y la mujer, aunque tenga su trabajo, acaba asumiendo el cuidado de los padres y los hijos y apoyando al marido en su carrera. Yo lo hice así. Creo que Dios nos ha dado un don para poder con todo, porque de otra forma resulta imposible. -Y, claro, las hijas -que se proyectan en sus madres- se educan viendo ese despliegue de frentes abiertos que acabarán asumiendo como algo natural... -Yo tengo que reconocer que mi madre fue así. Ella trabajó siempre pegada a mi padre. Mientras él, ya casado, acababa sus estudios, ella nos atendía a los tres hijos y trabajaba a pie de obra -haciendo y vendiendo pisos, en medio de los obreros- para sacarnos adelante. -Queda claro de quien ha heredado el carácter. Tengo la percepción de que es usted una mujer de una pieza. Empecinada con sus cosas. -Si, bueno, necesidad obliga. Pero es cierto que soy emprendedora. A veces me da pena pensar que me van pasando los años y me sobrepasan las cosas que aún querría hacer en la vida. El año pasado me matriculé en la UNED para estudiar Gestorías clínicas en el tiempo que me dejaba el despacho y los asuntos de mi familia. Pero no conseguí concentrarme. Lo voy a intentar de nuevo y, además, tengo una hija en la Universidad y voy a intentar que brille, que tenga lo que a mí me faltó. Y que conste que llevo 22 años felizmente casada y tengo un marido maravilloso que compartió conmigo muchos malos momentos -Y eso, aunque sea tremendo, une mucho. -Efectivamente. Unen más los malos que los buenos momentos. Mi marido me ha ayudado muchísimo en esta situación familiar que atravieso. Él adora a mi padre. Pero aún así, estando felizmente casada, la responsabilidad es de las mujeres. Claro que yo he sido muy conformista. Hoy soy más rebelde: tengo más razones. -Quizá porque uno no se cuestiona la vida hasta que ésta no se tuerce. -Sí. En mi situación actual, con mi padre desaparecido, sin saber si está vivo o muerto ni en donde, es para cuestionárselo todo.