El paso del tiempo y el abandono sufrido por el inmueble en los últimos años que permaneció cerrado hizo mella en él. Las goteras del tejado provocaron algún desprendimiento de la escayola del techo en algunos puntos. Pero sigue conservando sus señas de identidad. La solera de un bajo con estilizadas columnas y frisos de escayola ornamentada, pavimento hidráulico en algunas zonas como el portal y una elegante escalera con el pasamanos de madera maciza en el que no hizo mella la carcoma. La casa guarda en su interior una bodega, que recuerda las tradicionales covas valdeorresas y una amplia buhardilla desde la que se ve el río Sil. El balcón del primer piso fue también el mirador desde el que la fotógrafa Isabel Crespo observó y retrató el pulso de la villa. Procesiones multitudinarias, primeras comuniones, fiestas. La fotógrafa, que nació en 1904, en Mondariz, se instaló en O Barco en los años 40. Sus especialidades eran los retratos, los trabajos artísticos y las fotos pintadas. Una cita obligada de paso por su estudio eran las bodas y cualquier otro acontecimiento digno de inmortalizarse. Isabel, no abandonó la casa. Ya anciana, murió sin ruido y a solas en su cama hace unos años.