La difícil tarea de sobrevivir

Fina Ulloa
FINA ULLOA O BARCO

OURENSE

SONIA PACIOS

El cansancio de las directivas suele ser el principal motivo de la desaparición de las asociaciones que se crean en el oriente ourensano Dificultades para romper la dinámica de aislamiento propio de las zonas rurales, problemas para conseguir subvenciones, desinterés de los propios vecinos y críticas a la gestión de las directivas, que siempre se encajan peor en localidades pequeñas, son algunos de los motivos que propician que cada año se produzcan bajas entre las asociaciones del oriente ourensano. A las que desaparecen de forma oficial, hay que sumar otras que siguen dadas de alta en los registros, aunque sin realizar ningún tipo de programación, o las que sobreviven, con más pena que gloria, organizando un par de actividades al año.

21 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Ser responsable de una asociación vecinal o cultural en el oriente ourensano no es nada sencillo, o al menos así se deduce de las palabras de los directivos de las entidades que sobreviven en las pequeñas localidades o barrios. Elena Merino, de la Asociación de Mulleres de Larouco, el municipio más pequeño de la provincia, lo describe muy gráficamente: «Hay que tener en cuenta la dispersión de la gente, y que en verano el trabajo del campo es lo primero, y luego llega la vendimia y hasta enero estamos metidos en matanzas..., total que lo que tengamos que hacer lo concentramos en dos o tres meses». Tampoco es fácil pedirle a la población rural que dedique «cuatro horas para participar en un curso subvencionado». Pese a todo, este colectivo consigue llevar adelante charlas, cursos, conferencias y celebraciones como el Carnaval o el día de la Mujer Trabajadora. Es de las pocas agrupaciones privilegiadas en cuanto a su funcionamiento, ya que otras limitan su actividad anual a organizar o colaborar con las fiestas patronales. En general, los responsables de estos colectivos de pequeñas localidades se quejan siempre de lo mismo: es un esfuerzo continuo que desgasta demasiado. Este ha sido el caso, por ejemplo, de Calúbriga, asociación vecinal y cultural creada en el barrio de San Roque de O Barco. Consiguió mantener un nivel aceptable de actividad durante tres años pero ésta cesó de forma repentina a finales del 1998. La falta de colaboración vecinal y el cansancio de la persona que le dedicaba más tiempo, Andrés Chimeno, motivaron el desenlace. Sin embargo la desaparición no es oficial, ya que la agrupación sigue dada de alta en los registros correspondientes «por si alguien quiere retomar la idea y funcionar con estos estatutos, tendra la facilidad de encontrarse con los trámites solucionados», explica el actual presidente, Gerardo Rodríguez. Un nombre y una directiva sin motivación, es lo único que queda del ambicioso plan que se habían propuesto para dinamizar la vida de este barrio barquense.