Esta semana, este lunes en concreto, ha empezado con el primer mitin electoral, al que han seguido otros, de los muchos que tendremos hasta el 29 de noviembre. Esta fecha la comenzamos a escuchar el jueves por la noche cuando supimos que no prosperarían los dos decretos sobre la vivienda que presentaba el Gobierno bipartito por el no de Junts, la misma marca que permitió la investidura de Pedro Sánchez y que ha propiciado el fin de la legislatura. Se acabó. Pero este adelanto electoral no va de la vivienda.
Soy Rubén Santamarta, el director de La Voz de Galicia, y hoy publicamos en la web de La Voz esta newsletter excepcional que les llega a nuestros suscriptores digitales porque el momento es igualmente extraordinario. Esa carta suele llegar los viernes, pero la semana pasada opté por no enviarla; había tanto ruido y tanta confusión sobre hacia dónde se dirigía la brújula política que no quise contribuir a esa desorientación. Preferí la prudencia. Hoy, como ya sabes, se ha despejado el horizonte; al menos ya tenemos la certeza de cuándo se irá a votar. El calendario hasta ese 29 de noviembre lo puedes consultar aquí. Hasta entonces, la vida continuará.
Sigamos. Este adelanto de 9 meses (tomando como referencia última finales de agosto del 2027, fecha tope para la convocatoria ordinaria) lo presenta Sánchez como una suerte de plebiscito sobre la vivienda. No es cierto; cualquier presidente, y es legítimo que así lo haga, marca el calendario en función de sus propios intereses particulares. En su declaración sin preguntas de esta mañana ha citado tantas veces la palabra «vivienda» como la palabra «ultra». Ni una referencia a Ceuta, y ni una sola alusión a la lucha contra la corrupción.
El momento elegido es, ya te contaba, muy singular, pero no por la crisis de la vivienda, aunque ahora aprieten las urgencias y se quiera aprovechar la Diputación Permanente del Congreso, un retén de guardia, para aprobar algo que no se consiguió de forma ordinaria. Los problemas de desahucios, de carencia de pisos públicos y asequibles, de alquileres accesibles, de seguridad a pequeños propietarios para que pongan su vivienda en el mercado… no son de este otoño. En su discurso de investidura del 2023 —y esto enlaza con su declaración de hoy— el propio Sánchez citó ocho veces el problema de la vivienda y 22 a la ultraderecha. Prometió 183.000 pisos públicos en alquiler asequible, y según sus propios datos todo lo más que hay son 40.000 procedentes de la Sareb y que gestiona una nueva sociedad llamada Casa47, con un éxito muy discutible y apenas impacto (te recomiendo esta pieza de hace un mes de nuestra sección de Economía). En ese mismo discurso de noviembre del 2023 no hubo una sola referencia a los desahucios; sucede que ese año hubo unos 26.000 en España, la mayoría de ellos por impagos de alquiler (no de hipoteca). Como ejemplo, este caso de ese mismo año en Ferrol, que contamos nosotros en La Voz.
Por eso este adelanto no va por la vivienda. Va por —insisto, legítimos— intereses partidistas.
Al presidente, las dinámicas internacionales le pueden ayudar a su propósito de continuar en la Moncloa. Hay varios escenarios que tensarán la agenda en las semanas previas a votar en España. El primero, lo que suceda en Estados Unidos. Hay elecciones de medio mandato a inicios de noviembre y es imposible advertir todo (y decir todo es decir todo) lo que puede hacer Donald Trump para evitar perderlas. El segundo, Brasil, con otros dos extremos en competición. Ambas citas contribuyen a la polarización y quien mejor agita su discurso en ese entorno es Sánchez.
Pero las dinámicas internas se le pueden atragantar. La primera es la corrupción: las investigaciones judiciales no se van a detener (no me atrevo a augurar que se vayan a acelerar) y aún nos falta saber hasta dónde llegarán los jueces de la Audiencia Nacional en sus prospecciones sobre Plus Ultra y Zapatero (no esperen su presencia en la campaña electoral), sobre la financiación del PSOE y su trama interna, sobre nuevas comisiones de Ábalos…
Y luego está Ceuta. La próxima semana visitarán esa ciudad, y también Melilla, los reyes, algo inédito desde que Felipe VI asumió la jefatura del Estado. No irá Pedro Sánchez. No gustará en Marruecos y veremos su reacción. ¿A quién beneficia?
Y también está Alberto Núñez Feijoo. Es el momento para medir su talla como potencial presidente y advertir si aparca las ansiedades con las que se ha conducido en estos años para pedir elecciones, si asume un discurso de Estado sin prejuicios para estar a la altura del momento. Es, y lo sabe, su última oportunidad. Las encuestas se lo ponen de cara; pero ya lo hacían en el 2023 y él hizo que el resultado fuera una cruz.
Se acabó la legislatura. Es posible que, en la práctica, ya estuviera finalizada hace mucho tiempo. Pero ya le hemos puesto fecha.