Maricarmen y sus muñecos

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Protesta en la Puerta del Sol para reclamar un nuevo decreto de vivienda
Protesta en la Puerta del Sol para reclamar un nuevo decreto de vivienda Carlos Luján | EUROPAPRESS

Claro que aquí no hay quien viva. Los gallegos encuestados por Sondaxe, antes del estallido social y de la acampada de Sol por Maricarmen, señalaban la vivienda como su principal problema. Comprar un piso está imposible. Y alquilarlo, casi imposible. Da igual marcar zonas tensionadas: todas lo son. Maricarmen vivía en una calle privilegiada de Madrid por una renta que es la mitad de lo que muchos pagan por una habitación en un piso compartido en la misma ciudad. Es imposible no sentir compasión por una persona de más de ochenta años que termina en un hospital. Pero hay que razonar que Pedro Sánchez enseguida vio en esa mujer la cortina de humo perfecta para la paliza que sigue recibiendo por su inacción en Ceuta. Ya tenemos dos acampadas: la de los estómagos satisfechos y las visitas de famosos en Sol, y la de los estómagos vacíos sin visitas de famosos en la playa del Tarajal, ya llamada «del Carajal». Solo nos puede salvar de tanta manipulación el humor. Ahora hay dos Maricarmen famosas en este país: la pobre mujer del Retiro y Mari Carmen, la ventrílocua de los muñecos. La segunda hizo célebres a cuatro personajes; la primera les ha puesto cara estos días en la aprovechada realidad de políticos y famosos profesionales. Nikol, el pato castizo e irreverente, está claro quién es: Pedro Sánchez. Nadie le gana en castizo y en irreverente. Corrió a echarle la culpa a Ayuso y a Almeida, tal como hizo con Vivas por Ceuta. Nikol podría ser también Carlos Bardem, que se acercó a la «zona cero» y dio discursos incendiarios. Otro al que le sobra jeta. Daisy, la niña respondona, es la señora de Galapagar. La eurodiputada Irene Montero no faltó a la cita. Como Daisy, ya tenemos también a su sombra, Ione Belarra. No necesitamos otra actriz: las dos solitas ganarían premios Goya. Mari Carmen, la ventrílocua, le ponía voz al león hipersensible: Rodolfo. ¿Lo recuerdan? Creo que aquí no necesitamos políticos. Tenemos a un genio que es el mejor vendedor de sí mismo, como si toda su vida hubiese sido político. El león Rodolfo es Almodóvar; tiene el pelazo y la hipersensibilidad para ello. Apareció en Sol como el Dios que es y se hizo carne sufrida con el Sindicato de Inquilinas. Pero si hay un personaje que hizo popular hasta el infinito y más allá a Mari Carmen y sus muñecos es doña Rogelia, la abuela de Orejilla del Sordete. Para este papel, estos días hay tortas. En política, si le ponen una pañoleta, la que más lo merece es Yolanda Díaz. Yolanda «Rogelia» Díaz ha proclamado —en su labor muy de ventrílocua, que practica a menudo— que hay que rebelarse contra el Gobierno. Y eso que ella es vicepresidenta de ese Ejecutivo. Necesita a Sánchez para tener alguna posibilidad de salir elegida reina de la OIT; su merecido exilio dorado. Pero no sabe optar por el silencio cuando ve la más mínima oportunidad para lucir su vestuario de Pasionaria. En el mundo de los famosos profesionales, Rogelia podría ser también Ana Belén, benefactora de todas las causas que le pillan a mano. El centro de Madrid le queda mejor que Ceuta. Ya Valle-Inclán sabía que a España, a la diversa y a la otra, solo se la entiende desde el esperpento y la carcajada. Eso, o que el último apague la luz, que también está carísima.