De croquetas y croques

Francisco Ríos Álvarez
Francisco Ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

Un plato de croquetas.
Un plato de croquetas. PACO RODRÍGUEZ

El caso de almóndiga, del que hablamos aquí hace días, nos ha llevado al de cocreta, pues tienen algunas similitudes, entre ellas los reproches, injustificados, que le han costado a la Academia Española.

Ambas voces se consideran hoy vulgares, pero mientras almóndiga tuvo en otro tiempo algún uso en ambientes cultos y el DLE aún la recoge, aunque como desusada, cocreta nunca estuvo en los diccionarios. Tampoco aparece en la obra de escritores de prestigio, quizá con la excepción de Cela, que la emplea en La colmena para retratar con muy pocas palabras a un personaje: «La señorita Pirula es una chica joven y con aire de ser muy fina y muy educadita, que aún no hace mucho más de un año decía denén, y leñe, y cocretas».

Quizá la gran difusora de cocreta haya sido Belén Esteban, con varias intervenciones en televisión como esta: «A mí me montan un pollo por tres cocretas y el otro día no me ponen de comer, ¿vale?».

La aparición de croqueta es relativamente reciente. La encontramos en las Poesías completas (1778-1822) de Leandro Fernández de Moratín: «Perdices y tocino, / croquetas y pichón, / ternera, pavo y vino / será mi colación». Los primeros diccionarios que registran este sustantivo son el de Gaspar y Roig y el de Domínguez, ambos de 1853, y los dos coinciden el definirlo como «especie de almóndiga» [sic], aunque difieren notablemente en sus ingredientes. El de la RAE lo incorporó en 1869.

Esta y algunas otras voces españolas tienen su origen en el francés croquer (‘crujir' y ‘esbozar'), procedente a su vez de croc, onomatopeya del sonido que produce algo al morderlo. De ahí salen croquette, que pasa al español como croqueta; croquis (‘esbozo esquemático'), que aquí se toma tal cual; croque (‘golpe que se da con la cabeza o en ella' y ‘bichero'), y crocante (‘que cruje al mascarlo'). Tanto croqueta como croque y crocante son también palabras gallegas. La segunda, que lleva el Santo dos Croques, de la catedral de Santiago, también da nombre a una planta, la Digitalis purpurea, y en algunos lugares, a los berberechos.