Aimar Bretos no es Jesús Quintero

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

El periodista Jesús Quintero, conductor del programa El Loco de la Colina
El periodista Jesús Quintero, conductor del programa El Loco de la Colina

La noche de Aimar. Así se llama el espacio televisivo. Aimar Bretos es buen chaval. Busca pescar en el caladero del tiempo lento con su nuevo programa en La Sexta. Utiliza la entrevista en profundidad. Pero Aimar no es El Loco de la Colina. Ese ratón colorao que era un genio. Jesús Quintero decía en aquellas Trece noches que grabó con Antonio Gala que la televisión era una mina aniquilada, explotada. No le faltaba razón. Él introdujo la pausa genial. El plano corto. La frase larga, como una calada profunda. La reflexión, no el susto. Eran otros tiempos. No había redes sociales. Los cortes de grabación no tenían que ser de entre ocho segundos y ocho minutos, que es lo que dicen los especialistas que dura como mucho la atención que estamos jibarizando a pasos cortitos, a chupitos de imágenes. De reel en reel. A Jesús Quintero lo tienen en esa videoteca universal de internet, con Antonio Gala, con Sánchez Dragó, con tantos otros. Destilando una televisión que parecía grabada en la luna: era alucinante y alunizante. Aimar quiso debutar en esa liga de los genios llevando al espacio a dos actores en su espacio. A una leyenda como José Sacristán, y, como segundo plato, a nada menos que Juan Diego Botto. Luego, cerró su estreno con una tertulia que pretendía ser original, que ya sobró un poco. Una experta en salud hablando del pene, con unos tertulianos que intentaron sacarle punta, perdón por el chiste fácil. El objetivo: se habla mucho de la menopausia y nada o poco de los pitopaúsicos. En la segunda entrega de La noche de Aimar, Bretos confesó a Iñaki Gabilondo y a Belén Rueda, personajes poderosos. Pero a Aimar Bretos le falta duende. Se le nota la admiración por los personajes que lleva. Apenas los pincha. Jesús Quintero se callaba como nadie, pero es que te la clavaba a la mínima. Quedaba la sangre del corazón del invitado sobre el plató a oscuras. No sé cuánto durará Aimar Bretos. Depende de la generosidad de los tiburones de La Sexta. De momento, lo único que le ha funcionado fue su estreno con José Sacristán enfrente. Pero es que nada aguanta después de Sacristán. Hasta Diego Botto sufrió para mantener el nivel que dejó el de Chinchón. Nació el 27 de septiembre de 1937 y está más vivo que una culebra. Es increíble la cabeza que tiene. Sacristán se entrevistó solo. El Loco de la Colina le hubiese sacado mucho más. Sacristán explicó que «hay que cuidar al niño que todos llevamos dentro». Y, de ahí, hacia arriba. Como decía su tío, la vida es sencilla. «Lo primero es antes». Genialidad absoluta, que nunca hacemos. «Soy un optimista melancólico», se definió. Su padre le bajaba a la tierra cuando ya vivía del cine y del teatro al preguntarle simplemente: «¿Este año, hijo, cómo has vendido los ajos?». Verdades universales para un actor que el día que nos falte será una amputación nacional.