El estrecho de Ormuz es un brazo de mar angosto entre el golfo de Omán, localizado al sudeste, y el golfo Pérsico, al sudoeste, que proporciona el único paso marítimo desde este último hasta el océano abierto. Es uno de los puntos de congestión de tráfico de mayor importancia estratégica del mundo. Para pasar el estrecho, los barcos navegan por las aguas territoriales de Irán y Omán en virtud de las disposiciones de paso de tránsito de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
El impacto de la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos está empezando a extender sus efectos mucho más allá del petróleo o el gas. Se han registrado aumentos en el precio de los fertilizantes, problemas en el suministro de helio (clave para las resonancias magnéticas) y en el de algunos alimentos. Sin embargo, uno de los efectos menos esperados es el encarecimiento de los preservativos. Vaya con los efectos colaterales.
Según información recogida por BBC News, el precio de los condones podría subir hasta un 30 % si continúan las interrupciones en el estrecho de Ormuz. Los preservativos dependen directamente de derivados del petróleo: materiales como el amoníaco, utilizado en la conservación del látex, o ciertos lubricantes de base siliconada forman parte esencial del proceso de fabricación.
Yo lo veo así. Supongamos que los barcos que navegan por esas aguas cargados de mercancía fueran como espermatozoides desplazándose con sus flagelos en una loca carrera hacia el mar abierto; el estrecho de Ormuz actúa como un gran preservativo, impidiendo que los gametos masculinos migren hacia el mar abierto.
La preguntas son obvias: ¿afectará todo esto a la demanda global? ¿Quedará el planeta sin suministro de preservativos? ¿Desaparecerá el sexo seguro? Piensen que como esta escasez de profilácticos dure mucho tiempo, dentro de poco nos encontraremos con un nuevo baby boom, o más exactamente baby Ormuz, fruto de la incontinencia bélica de Trump y sus socios.
No soy experto en cuestiones de transporte, pero supongo que existirán otras alternativas para desplazar los preservativos de un sitio a otro si los problemas persisten en ese estrecho. Por ejemplo, a mí se me ocurre que se podrían transportar con drones, un nombre muy adecuado para este tema. Hagamos un poco de historia. El primer condón con fines anticonceptivos se suele atribuir a un tal Lord Condom, supuesto médico de Carlos II de Inglaterra, que a mediados del siglo XVII intentó reducir el número de hijos bastardos que el monarca iba engendrando por la capital. Por lo que he leído se trata de una leyenda, pero yo me la creo.
Ahora en serio: el mercado de los preservativo es vital para la prevención de las infecciones de transmisión sexual y para la economía de algunos países. Si se disparan los costes por la guerra, descenderá su accesibilidad para la población de los países pobres. En fin, como otras veces, han ido a una guerra sin pensar en las consecuencias.