Comprenderás que puede nevar en primavera. Eso escribió Neruda en homenaje a Helena. Era un nuevo soneto para ella. El chileno añadía que en la primavera pueden ser más crudas las nieves. Tal vez sea cierto. Sin embargo, me niego a creerlo. Para los católicos hoy es un día festivo, festivo por dentro, aunque en Galicia la gente acuda a sus puestos de trabajo sin demora. Remata la Semana Santa. Ayer celebramos el Domingo de Resurrección. Y hoy seguimos celebrando que pasó el martirio, la pasión, y que se abrieron los cerrojos de la eternidad. En estos tiempos frívolos, estas cosas que hoy escribo parecerán fútiles. No lo son. La Pascua, el paso de una vida a otra, es esencial para entender los fundamentos del catolicismo. Las religiones se basan en la esperanza. La religión católica no ha dejado de hacerlo. Incluso en los peores tiempos, cuando los católicos eran lacerados por el yugo de los imperios, sus secuaces y cómplices. Y ahora, también. No quiero ejercer de pesimista extremo y evidenciar el número de católicos que fallecen cada año perseguidos, vejados, humillados y torturados como en la antigüedad. Son noticias tristes que ya ni se publican en algunos medios de comunicación. Pero, después de más de dos mil años, Cristo sigue siendo un faro para cientos de millones de seres humanos. Él ha inspirado una de las mayores obras artísticas de todos los tiempos. La Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach, sigue iluminando todas las noches oscuras del alma. Son casi tres horas de perfección. Las notas del maestro, cantos y coros, vuelan y revuelan las estancias. La leyenda dice que Felix Mendelssohn recuperó la obra de Bach tras una casualidad en una carnicería. Un criado de su familia, banqueros judíos conversos al cristianismo, acudió al mercado para hacer la compra. Regresó a la casa. Felix, que entonces debía rondar los veinte años, observó los paquetes sanguinolentos. Y, para su sorpresa, descubrió que en aquella tienda utilizaban partituras para envolver carne. La partitura excelsa era de Bach: su Pasión según San Mateo.
Yo nunca me he creído la historia completamente. Y hay historiadores de la música que la refutan. En todo caso, no deja de resultar metafóricamente interesante. La pasión, la sangre, la partitura que hemos gozado a lo largo de décadas. Y así será por los siglos de los siglos. Fenecerá la inteligencia artificial, o nos dominará completamente, pero Bach continuará prevaleciendo. Ese es mi deseo. Y por eso escribo esta columna de lunes pascual. Porque tras lo efímero, insustancial y breve, permanecerán los clásicos. Y no conozco a un clásico mayor que Bach. Y ninguna obra sacra superior, desde mi humilde punto de vista, que su Pasión según San Mateo. Un maestro. Esta Semana Santa, que hoy culmina, la he disfrutado de nuevo. Ignoro si en casa continuarán esta tradición, melancólica tal vez. No importa. Quizá nunca más nieve en primavera.