Hipergamia

Francisco Ríos Álvarez
francisco ríos LA MIRADA EN LA LENGUA

OPINIÓN

Un joven utiliza la aplicación de citas Tinder
Un joven utiliza la aplicación de citas Tinder CARMELA QUEIJEIRO

28 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Siempre ha habido personas que buscan una pareja de una posición económica y social superior a la suya con el fin de mejorar su propio estatus. Había, y hay, matrimonios de conveniencia, y cuando es el varón quien asciende se dice que ha dado un braguetazo. Existe un sustantivo relativamente nuevo que amenaza la terminología tradicional: hipergamia. Se documentan algunos usos en el último cuarto del siglo XX, pero hoy se han disparado. Google dice haberlo encontrado en 261.000 sitios, aunque ignoramos con qué rigor los cuenta.

Esta voz es una adaptación de la inglesa hypergamy, creada a finales del siglo XIX para traducir en obras de derecho hindú una palabra sánscrita que da nombre a la búsqueda de una pareja de un nivel socioeconómico superior.

Varios especialistas observan que los incels han empleado la hipergamia para justificar algunas de sus teorías misóginas. Esos célibes involuntarios (incel es el acrónimo de involuntary celibate) son un tipo de varones que no encuentran mujeres con las que mantener relaciones sexuales, y llegan a atribuir su situación a que son relegados en las preferencias femeninas por hombres física y económicamente más atractivos.

La hipergamia debe de tener su interés para mucha gente, pues hasta hay aplicaciones de citas «donde las personas de éxito pueden establecer conexiones excepcionales», dicen en la presentación de una de estas. Algunas ofrecen a quienes acuden a ellas experimentar el lujo y la hipergamia, y otras, mejorar su estilo de vida.

Para designar a quien busca una pareja de nivel superior se ha creado el nombre y adjetivo hipérgamo, por el mismo procedimiento que se ideó polígamo para el practicante de la poligamia o monógamo para el casado con una sola persona, el que vive en monogamia. De momento, apenas se usa ese hipérgamo.

 Además, hipergamia tiene un antónimo, hipogamia, que en su forma inglesa se creó al mismo tiempo que el primero.

 Nuestros abuelos, que no sabían de hipergamias ni de hipogamias, solían echar mano de un refrán: ¿Por qué me quieres, Andrés? Por el interés.