Fundación Española de Abogados Cristianos
La ley de eutanasia en España es un fracaso
Aunque sé que si le preguntas al común de los mortales, no te dirá lo mismo. Presentada como una vía de escape para traer la paz a quienes se encuentran en estado terminal y padecen un dolor insufrible, la realidad es que esta ley se está ejecutando de manera deficiente en nuestro país, concediéndose a más personas de las que cumplen con las condiciones.
Muchos afirman que es una ley muy garantista, y que es imposible que este tipo de irregularidades se produzcan, pues existe un comité encargado de evaluar los casos individualmente. A estos pobres ingenuos los invitaría a investigar qué personas pertenecen a estos comités, con qué lobis colaboran, y qué tipo de intereses pueden tener dichas organizaciones en que se concedan estas eutanasias. Pero ahora no vamos a abrir ese melón. Decía que la ley de eutanasia es un fracaso. Y para que comprendan a qué me refiero, analizaré el caso de Noelia Castillo, que tanta indignación ha generado.
Noelia, de 25 años, quedó parapléjica en el 2022 tras intentar quitarse la vida precipitándose al vacío. La joven arrastraba varios trastornos psiquiátricos que eran, de forma clara, el origen de su sufrimiento e importante condicionante en su día a día. Fueron estas enfermedades por las que se le concedió un importante grado de discapacidad, y, de no haberlas padecido, la chica no habría intentado acabar con todo. Esto es importante, pues, aunque las lesiones por las que se justifica la eutanasia se relacionan con este hecho, el deseo de morir de la joven es anterior y esto marca una importante diferencia. En principio, la ley se reserva para casos límite, con dolencias crónicas, irreversibles y sin posibilidad de mejoría. Sin embargo, recientemente hemos visto vídeos en los que la chica aparece caminando tras su accidente. Estos vídeos demostrarían que una adecuada rehabilitación le habría permitido adquirir cierta autonomía en la movilidad. Autonomía con la que ya contaba en otros ámbitos de su vida, como el de la higiene personal. Para quienes aluden a sus dolores para justificar la eutanasia, diré que a lo largo de todo este procedimiento a Noelia no se le ha realizado ningún peritaje con el que poder cuantificarlos. En todo momento, la Generalitat ha dado por bueno su testimonio, es decir, la palabra de una persona que llevaba años deseando morirse y a la que le convenía encajar en el perfil de persona elegible para recibir la eutanasia. ¿Se entiende ya por donde voy? Con esto no quiero cargar las tintas contra la joven. Personalmente, opino que el sufrimiento y la desesperación pueden llevarnos a tomar las decisiones más desacertadas posibles. Pero es entonces, cuando nuestro entendimiento está nublado y no llegamos a vislumbrar la mejor de las soluciones, cuando la sociedad debería tendernos la mano, proporcionarnos una ayuda adecuada y no invitarnos a quitarnos de en medio, como si fuéramos un estorbo o una carga. Cualquier otra acción es un fracaso. Esta ley, en sí misma, lo es.
Xornalista e secretario de DMD Galicia
Elixir como vives, elixir como morres
Hai cousas que non deberían decidirse desde un despacho ou un púlpito. Unha delas é cando unha persoa sente que xa non pode máis. Falamos moitas veces da eutanasia coma se fose un concepto ou un debate abstracto, pero non o é. En Galicia, e no resto do España, hai persoas que levan meses, anos, convivindo con enfermidades irreversibles, con dores que non se apagan e cunha vida que deixou de parecerse ao que entendemos por vivir. E isto non son teorías, son persoas con nomes e apelidos, e con dereito a morrer dignamente e cando elas queiran, como está establecido na vixente Lei Orgánica de Reglamentación da Eutanasia.
En Galicia houbo 34 solicitudes de eutanasia no ano 2024, das que só dezaseis recibiron informe favorable. O resto quedou polo camiño, a maior parte faleceu. En España, un de cada tres solicitantes de eutanasia morreu agardando contestación.
Hai quen fala de «defender a vida». E parécenos ben. Pero, de que vida estamos falando? Da que se sostén a base da dor constante, da dependencia absoluta e do sufrimento sen saída? Iso non é defender a vida; é alongar algo que moitas persoas non queren seguir vivindo
Isto non é, ou non debera ser, un debate ideolóxico. E algo máis básico, é liberdade. A mesma liberdade que defendemos para vivir como queremos debería servir tamén para decidir cando seguir deixa de ter sentido. Porque aquí non hai imposición ningunha, ninguén está obrigado a solicitar a eutanasia. Pero tampouco é aceptable que quen recorre á lei de eutanasia reciba indiferenza ou teña que soportar presións políticas, relixiosas, ou mesmo familiares, que non desexa.
Unha sociedade madura non obriga. Acompaña e respecta. Negar o dereito á eutanasia non é unha posición neutral, é tomar partido, é dicirlle a alguén que, aínda que non poida máis, ten que seguir.
Un liberal conservador coma o escritor Carlos Alberto Montaner, que se trasladou a España para poder morrer por eutanasia, deixou un testamento no que di o seguinte: «He regresado en el ocaso de mi vida. Aquí cumplí 80 años. El último de mi existencia gracias a la ley de la eutanasia. ¿Se quiere una mayor libertad que la de elegir el momento de la partida?».
Sobre o caso máis mediático e recente, o da catalá Noelia, o médico e vicepresidente de la asociación DMD, Fernando Marín, sinala que «solo tenemos una opción: atender su solicitud reiterada de ayuda para morir y acompañarla; la vida no es un cuento de hadas. No respetarla es de una crueldad inhumana».
Comentarios